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Digno de una novela de nuestro Nobel, Gabriel García Márquez, son los hechos noticiosos del momento en relación con la sanidad pecuaria en nuestro país. Parecería un relato de Aureliano Buendía en tierras araucanas donde los cien años de soledad que sufrió el departamento cambiaron cuando apareció el oro negro, ese néctar oscuro que tanto bienestar ha dado a algunas regiones como Dubai o los otros seis Emiratos Árabes.

Arauca debería ser esa metrópoli latinoamericana por donde el progreso y el aprovechamiento de ese recurso no renovable fuese bien explotado. Este territorio donde se gestó la libertad de un país es hoy en día un nido de corrupción donde lo único que se puede hacer en estas tierras es un safari donde abundan los elefantes blancos.

La aparición de un foco de fiebre aftosa, en Tame (Arauca), una zona que no es limítrofe con Venezuela, separada por cerca de 93 kilómetros del punto de infección deja dudas en el aire, debido a que, después de ocho años del último brote reportado en Colombia, este departamento siempre mantuvo altos niveles de protección con vacunación cercana al 99%, hasta que reapareció el virus con siete animales positivos; justo después de culminar el ciclo de vacunación de fiebre aftosa. 

Esto puede indicar que la “corruptitis” también llegó con este foco. Las hipótesis son variadas. La que más peso tiene es el contrabando de animales provenientes de Venezuela. Lo más grave de esta aparición es la actividad viral y la capacidad que tiene el virus de migrar rápidamente, lo que refleja la aparición de otro foco en Yacopí, perjudicando cinco departamentos, ya que se impide la entrada y salida de animales.

Macondiano es ver cómo muchos ganaderos se dan ahora golpes de pecho y meas culpas al indicar que ellos vieron, escucharon o fueron participes del contrabando, esto en una frontera de 2.219 kilómetros, lo que convierte el ilícito en un juego de niños, como lo indicó muy bien el reportero de la BBC Arturo Wallace: “Arauca cuenta con la frontera más porosa de América Latina”.

Las pérdidas son incalculables, ya que se estimaban US$207 millones para este año en tratados comerciales internacionales,  lo que no será posible. Lo facturado por los frigoríficos, estimado  en $4 billones, no se capitalizará. El comercio local sufre la mayor consecuencia y no realizará ferias ni venta de sus ejemplares.

En conclusión, tenemos un debilitado sistema de seguimiento a la frontera, una creciente utilización de mano de obra a bajo costo de venezolanos sin las condiciones de bioseguridad que esto implica, un gremio ganadero desquebrajado y poco unido ante lo que es evidente el continuo contrabando. Solo se está mirando hasta ahora el problema con la fiebre aftosa pero queda en el ambiente la situación sanitaria en relación con otras enfermedades zoonóticas que también migran por las trochas y pasos del río Arauca. Es así que este departamento debería ser la mayor despensa agropecuaria del país, dada la extensa geografía que posee, pero no cuenta con frigoríficos para cerdos y aves que son sacrificados a traspatio sin ser vigilados por entidades como el Invima, lo que acarrea una alerta en salud pública, indicando que el problema no es solo la aftosa.

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