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Pocos días después de la tragedia en Mocoa, el ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, aseguró a los medios de comunicación que todo un barrio no fue arrasado por la avalancha de agua gracias a un bosque nativo que se encuentra en esa zona. La piedra y el lodo que pudieron afectar a más personas en aquel lugar fueron detenidas por los árboles que la comunidad cuidó. 

Y es que, una de las causas latentes de la tragedia en la capital de Putumayo fue, justamente, ser uno de los departamentos con más índices de deforestación, además de la construcción de viviendas en sitios aledaños a los ríos y el petróleo. 

Tal como lo muestra el último informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) realizado hasta 2015, en Mocoa se afectaron más de 1.400 hectáreas en menos de cinco años. 

Un fenómeno que si bien viene disminuyendo, en Putumayo representa cerca de 381.388 hectáreas deforestadas. Una cifra alta. 

Una de las medidas a tomar para que una situación como la que pasó en Mocoa tenga el menor impacto posible es poner atención a los sitios en donde la deforestación representa un peligro y, allí, cuidar nuestros bosques. 

Según el informe del Ideam, los cinco departamentos que están más afectados por esta situación son: Caquetá, Antioquia, Meta, Guaviare y, justamente, Putumayo. Es allí donde tenemos que poner principal atención. Sin embargo, en cada lugar de Colombia sería bueno que las autoridades se concentren en escuchar lo que los académicos tienen que decir.

Lo de Mocoa fue una tragedia anunciada. Después de los hechos, salieron a relucir varios estudios que hablaban de cómo este peligro era inminente. 

Que no nos pase en otras partes del país, que tengamos que perder a nuestros seres queridos. 

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