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La convergencia de los movimientos local, artesanal, orgánico y ético con tecnologías emergentes y nuevos modelos de negocio, son señales tempranas de un cambio profundo en la industria de alimentos. ¿Podríamos imaginar cual será su futuro en una década? El motor principal de crecimiento seguirá siendo la expansión de la clase media. Históricamente, el aumento del ingreso  incrementa el consumo de productos procesados, de origen animal o importados. Sin embargo, tres desafíos permiten predecir que la industria evolucionará de manera diferente.

En primer lugar, los problemas de nutrición están cada vez más asociados con el sobrepeso y la calidad de la comida que con su escasez. Es indudable que algunas áreas del mundo necesitan acceso a una mayor cantidad de alimentos. Otras regiones están sufriendo de comer en exceso los productos equivocados y llenar los basureros con comida desechada. Países ricos y pobres enfrentan el reto de promover la alimentación saludable.

En segundo lugar, la producción y distribución de nuestra comida origina un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ajustar nuestro consumo tendría el potencial de lograr la meta total del Acuerdo de París. El arma más potente para “descarbonizar” nuestra alimentación es reducir el consumo de productos de alto impacto sobre el calentamiento global, como la carne. Si la demanda sigue creciendo al ritmo actual, el costo ambiental sería enorme. Así mismo, es urgente transformar las redes globales de distribución, para cerrar la brecha entre cuándo y dónde se producen y consumen los alimentos. Una manzana puede viajar más de 10.000 kilómetros y tardar meses entre su cosecha y consumo, perdiendo de paso todo su valor nutricional. 

En tercer lugar, desde la revolución verde, el enfoque global ha sido producir una cantidad relativamente pequeña de productos básicos. La promesa es ofrecer calorías muy baratas. Este modelo crea costos ambientales significativos, particularmente el deterioro del suelo, el agua y la reducción de la biodiversidad. También afecta los medios de subsistencia de los pequeños agricultores al incrementar los requerimientos de inversión y disminuir las necesidades de mano de obra.

Numerosos innovadores y emprendedores alrededor del mundo asumimos el desafío de imaginar y construir un sistema alimentario diferente. Como es el caso de quienes intentan imitar los sabores y texturas de productos de origen animal hechos a partir exclusivamente de plantas. A modo de ejemplo también podríamos citar a quienes  desarrollan tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la agricultura de precisión o el internet de las cosas que tienen el potencial de revolucionar la forma cómo los alimentos se producen y consumen. 

La transformación inicia en los hogares desafiando la creencia que el costo de una dieta nutritiva es mayor al de una dieta intensiva en alimentos ultra procesados. A la hora de comprar, tenemos el poder de inclinar la balanza a favor de los alimentos producidos por nuestros campesinos. Podríamos imaginar que en una década habrá un mayor número de pequeños productores, disfrutaremos de una gama más amplia de alimentos saludables, se empleará más personas y se habrá creado una fuerte economía local y circular. 

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