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En un momento en el que el país está entrando en una nueva etapa de definir y concebir la ruralidad, la educación y formación de los jóvenes en las materias agropecuarias debe empezar a girar y buscar una nueva construcción de los campos. 

Y es que uno de los mayores obstáculo que tenía la guerra era la falta de presencia del Estado en el territorio que llevaba a que los temas académicos quedaran relegados o fueran abordados no desde la práctica en el sitio sino desde un salón de clases en las ciudades. 

De hecho, el decano de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional, Luis Gabriel Quintero, reconoce que la academia tuvo que replegarse a las zonas urbanas y disciplinas que tienen una vocación agraria, migrar de lo rural a lo urbano. 

“La sociedad está ingresando a una época de posconflicto en donde tenemos una oportunidad para la formación de los profesionales y, que en nuestro caso, los vemos como los gestores del desarrollo del campo. Tenemos una visión de la medicina veterinaria que se sesgó y pasó de ser una tradicional en atención de ganadería a una citadina en atención de mascotas”, manifestó.

Y aunque desde el lado de políticas públicas, el Gobierno Nacional ha buscado apalancar más los programas técnicos con el fin de empezar a mejorar la mano de obra de los cultivos, también es necesario analizar los diferentes programas de especializaciones o maestrías que las universidades ofrecen. 

Algunas universidades en las regiones con programas enfocados en las ciencias agrarias tienen en su portafolio los posgrados en los productos y cultivos que se generan en la zona. Por ejemplo, la Universidad de los Llanos tiene una especialización en la producción agrícola tropical sostenible y tiene u énfasis en el territorio de Orinoquía. 

Otro caso es el de la Universidad de Risaralda en la que los ciudadanos podrán encontrar una especialización en la gestión y producción pisícola y en donde principalmente se desarrolla en su sede de Santa Rosa de Cabal. 

La importancia de dichos programas es que buscan dar también herramientas más allá de las técnicas que permitan generar un tema de innovación y pensarse el oficio. Y es que según el Ministerio de Educación, uno de los problemas del sector rural colombiano son en gran parte causados por la baja cobertura, la falta de calidad y pertinencia de un servicio educativo que no responde a las necesidades sociales. “Esto se refleja en la pobreza, el desempleo creciente”, agregó.

También está la opción de las maestrías en ciencias agrarias que generan un panorama más general y que son ofrecidas por instituciones como la Universidad Nacional y la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (Udca). 

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