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En la última edición de la Revista Nacional de Agricultura de la SAC, el coordinador de políticas públicas y agencias internacionales de la Confederación Nacional de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA), Thiago Masson, escribió sobre la ‘revolución agrícola’ en su país.

En su escrito resaltó que “además de los recursos naturales, un cultivo de buenos factores institucionales ayuda a explicar el desarrollo de la agricultura. Las inversiones en investigación biotecnológica adaptaron las semillas de clima templado del sur a las condiciones áridas de El Cerrado. Y la asistencia técnica y extensión rural se acercaron al productor y las nuevas tecnologías y prácticas agrícolas”, declaraciones que podrían ser tomadas como lecciones para el desarrollo del sector agro en Colombia. 

Aunque el gobierno de Brasil aportó al progreso de una de las agriculturas “más modernas del planeta”, siendo El Cerrado brasileño el proveedor de los mercados más exigentes del mundo; el sector privado también contribuyó, a través de la inversión. Y es que “más empresarios se sintieron atraídos con una reducción de la presión fiscal sobre el sector, y el crédito rural dio la bienvenida a la mecanización de las áreas planas de la región central”.

La base de todo este desarrollo y del negocio para el campo, que además llevó los productos de Brasil a otro nivel, gracias a su valor agregado, que fue la seguridad jurídica. 

En Colombia dimos un paso inicial en el tema con la Ley Zidres, que será una plataforma para desarrollar negocios incluyentes en el que cabe el pequeño, mediano y gran empresario, en tierras aptas, de gran vocación -como las de la Orinoquía y La Mojana-, y que requieren de grandes inversiones.

La meta que se tiene de estas Zonas de Interés de Desarrollo Económico y Social, será llevar progreso a las familias en estos territorios muchas de ellas afectadas por el conflicto armado, dar oportunidades a la población más joven y a la agricultura familiar; y establecer un trabajo conjunto para lograr garantizar la seguridad alimentaria en el país, aumentar nuestra oferta exportadora y empezar a sustituir las importaciones, que a inicios de 2016 muestran un incremento de 10% en volumen, continuando la dinámica del año anterior, cuando crecieron a una tasa de 11.2%. 

Las lecciones de Brasil nos dejan claro que, como concluyó Masson en su artículo, “las instituciones públicas y privadas merecen un capítulo especial en la historia de la revolución agrícola”; siendo el esfuerzo conjunto la materia prima para desarrollar el potencial de este país ¿Tomaremos esta lección en Colombia?

Un dato: El programa de Administración de Empresas Agropecuarias de la Universidad de La Salle cambia a Administración de Agronegocios ¡El campo está exigiendo transformaciones! 

Rafael Mejía López
Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia

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