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La avicultura tiene dos tipos de producción: el primero es la de huevos no fértiles destinados al consumo humano. El segundo, la producción de pollo de engorde destinado para la obtención de carne blanca. No obstante, para cualquiera de ambos fines, se requiere la intervención de una granja de reproductoras, que implica la implementación de una serie de tratamientos específicos según sea su propósito.

Las gallinas ponedoras o de mesa, como se les conoce comúnmente, son aquellas destinadas a la producción de huevos que no son fértiles, sino que se usan, bien sea para el consumo propio, o para su comercialización a nivel industrial en grandes volúmenes.

Por su parte, las gallinas reproductoras, a diferencia de las ponedoras, son aves especializadas que tienen como propósito procrear huevos fertilizados, de buena calidad y de cáscara firme para multiplicar la especie. Entre sus características se distinguen por ser polígamas, lo cual quiere decir que escogen un solo gallo para reproducirse, y además, son ovíparas, ya que se propagan por la puesta de huevos y la incubación interna mediante el empollado de la madre.

Este tipo de animales generalmente, empieza a reproducirse a partir de los seis meses de edad, tiempo en el que logran alcanzar su madurez fértil y se convierten en especies aptas para recibir el semen del macho al interior de sus órganos genitales. En este caso, la cloaca.

Sin embargo, conseguir un huevo fértil es más difícil de lo que parece y va más allá de un simple apareamiento. Pues son varios los factores externos que pueden afectar a la producción de huevo y que por tanto, exigen un completo cuidado por parte del criador.

Para citar solo un ejemplo: la edad del ave, las prácticas de manejo de la parvada, los ingredientes alimenticios específicos, las dietas, las formulaciones y las porciones podrían afectar al oviducto, al propio huevo y a la calidad del semen. Lo que demuestra que dejar alguno de estos factores a la suerte, podría incidir desfavorablemente en las cifras de producción de huevos y por ende, en la eficiencia reproductora de las gallinas.

Este panorama da cuenta de que el manejo en la granja de aves reproductoras es un componente fundamental que debe optimizarse en cada etapa y que le implica al criador poner en marcha una serie de acciones fundamentales en clave de la producción.

Cabe destacar, que el uso de tecnología altamente tecnificada y la aplicación de conocimiento zootécnico vanguardista, han facilitado el desarrollo y desempeño de dichas labores. En especial, las relacionadas con la ingesta de alimento y la fotoestimulación, que configuran el mayor foco de atención para el apareamiento.

José Alejandro Fonseca, Gerente de Agricultura de Cargill Proteína Colombia, reveló que para procesos exitosos al momento de criar gallinas reproductoras es preciso tener en cuenta cinco principios básicos.

Implementar un estudio regular de crecimiento

El factor más elemental a tener en cuenta es el control de la uniformidad y el peso de las aves para garantizar el levante y la producción del huevo. Por ello, es necesario que cada semana se realicen 2 o 3 mediciones de peso corporal a los lotes de aves para establecer las curvas de crecimiento y verificar si se están cumpliendo los objetivos de peso adecuados.

Cumplir con los esquemas de vacunación

Las vacunas son un pilar en un programa de bioseguridad en granja de reproductoras debido a su papel en la prevención de enfermedades virales y bacterianas que pueden causar alta mortalidad y morbilidad. En este sentido, es preciso que se cumpla con los esquemas de vacunación tanto en la incubadora como en la granja para dar inicio al levante de las aves.

Controlar el ambiente de los factores externos

Durante la crianza se requiere instaurar una buena iluminación con 80-100 lux para fomentar el consumo de alimento. El control de ambiente también es clave para la reproducción. Especialmente para los machos, a quienes se les facilita un buen desarrollo embrionario tras la sensación de un espacio confortable y apto para la estimulación de la postura.

Tener mayor cuidado los primeros siete días de vida

De acuerdo con José Alejandro Fonseca, los primeros siete días de vida del animal son determinantes para el buen desarrollo de sus sistemas. Lo que quiere decir, que para obtener un ave sana en el futuro es necesario ofrecer la mayor calidad, en términos de temperatura, alimento y sanidad, especialmente, durante el primer momento de su nacimiento.

Garantizar altos estándares de bioseguridad

Adicionalmente, es importante garantizar altos estándares de bioseguridad para evitar o controlar el ingreso de bacterias, virus u hongos al sistema productivo. De no manejar este cuidado, podrían originarse graves complicaciones en las aves y por ende, afectar la producción del huevo incubable para generar los pollitos que se esperan obtener.

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