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Con la llegada del postconflicto todas las áreas del país se verán beneficiadas, en particular el agro, donde se abrirán nuevas oportunidades de inversión; todo un abanico de ayudas económicas que le permitirá a los productores, especialmente los que tienen menos recursos, inyectar capital a sus negocios gracias a las diferentes líneas de crédito que abrirá el Gobierno. La firma del acuerdo también supone un respiro para el campesino emprendedor, que encontrará otra manera distinta de ganarse la vida diferente a los cultivos ilícitos. 

En un par de meses y sí la paz deja de ser una utopía y se convierte en una realidad, también vamos a presenciar un boom de nuevos procesos productivos que permitirá organizar y estructurar mejor el campo colombiano, en particular se podrá articular eficazmente el trabajo que hicieron las Upras en las áreas productivas. Suena bien, lo sé; y por eso soy consciente que para que esto funcione se necesita apoyar financieramente a los pequeños productores y potenciar el comercio de sus productos hacia el exterior. En conclusión, con la  terminación del conflicto también le tenemos que decir adiós a la época de las vacas flacas.  

Para llegar a este momento de auge, es necesario fomentar el trabajo en equipo y la capacidad de asociación de los productores que les permitirá tener producciones más robustas, cultivos en terrenos más extensos y lotes ubicados en zonas estratégicas del país, con lo cual se podrá aprovechar toda la experiencia y oportunidad exportadora en un futuro no muy lejano. Esto no es nada nuevo, pues hace 20 o 30 años se comenzó este camino con los cultivos pequeños de flores, trabajo que se fue consolidando gracias a las  asociaciones, logrando que hoy el país tenga una capacidad dominante en el mercado y sea el segundo productor y exportador de flores a nivel mundial. Sin duda se tienen que aprovechar todas esas experiencias de otros sectores en producción tradicional y, al mismo tiempo, se debe comenzar a realizar alianzas en las zonas donde tradicionalmente no había alguna clase de producción y se articule el trabajo de productores, raizales,  afrodescendientes e indígenas para producir diferentes clases de productos que con el tiempo se puedan comercializar con marca de origen propio y controlada.

Por ahora podemos iniciar con este trabajo en el que, sin duda, se van a potenciar y multiplicar todas estas oportunidades gracias a la terminación del conflicto;  empezar a desarrollar un mercado y una industria que actualmente no existe porque desafortunadamente cuenta con pocas oportunidades. Todas estas ventajas buscan transformar y comenzar a explotar productos que hasta el momento no habíamos trabajado como colorantes que vienen desde el Darién, las nuevas frutas que nunca hemos exportado, entre otros.

Finalmente, tenemos que empezar a hacer un plan de inversión en lo que respecta al manejo de la post cosecha de las frutas y estar atentos a todas las  posibilidades que se abrirán con el fin de generar nuevos mercados para todas esas comunidades desconocidas. Tenemos que salir de la producción tradicional en las zonas de los Llanos, del Cauca, del Valle o del río Sinú, hay que explorar otras áreas del Pacífico o zonas de montaña para encontrar nichos distintos de mercado y con ello empezar a mostrarle al país todo el potencial real que tienen los productos agrícolas, y al mismo tiempo el potencial de la producción agroindustrial encadenada al productor, a la agroindustria y al comercio final. 

Boris Wüllner
Director del programa de Ingeniería Agroindustrial Universidad de La Sabana

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