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En Colombia los consumidores no suelen ser muy exigentes con la calidad de los empaques y envases en los que son vendidos los productos frescos y, según la Universidad Nacional, las autoridades son muy laxas con la exigencia de las normas básicas de seguridad sanitaria.

Jorge Hernando Molano, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la Universidad Nacional de Colombia, reveló las grandes deficiencias que existen en el país en este tema, que aunque parece poco relevante frente a otras problemáticas, es vital debido a que tiene que ver con ámbitos como la salud, el empoderamiento de los productores y comercializadores y la productividad del agro.

Basta con visitar algunas plazas de mercado para cerciorarse que no todos los comercializadores tienen un buen manejo de los alimentos; hay casos en los que la carne puede ser entregada envuelta en papel periódico o las frutas y verduras están expuestas a un entorno poco salubre.

“En esta investigación, realizada junto con Asohofrucol y el Ministerio de Agricultura, evidenciamos que en el país no existe conocimiento base ni normas claras respecto a cómo manejar productos frescos en aspectos como la trazabilidad o entrega al consumidor final. Por tanto, queda por hacer un extenso trabajo en la verdadera estandarización de las formas de manejo y debería existir una mayor preocupación del Estado por la formación de los consumidores, para que sean ellos los que exijan sus derechos a la hora de adquirir un alimento fresco”, indicó el profesor Molano.

Según el académico, la falta de rigurosidad en los procesos de manejo de los alimentos pone en riesgo la seguridad alimentaria en el país, debido a que hasta el 50% de la producción agrícola se pierde al final de la cadena, porque no existen protocolos rígidos ni tecnología e innovación en el sector de los envases y empaques en Colombia.

La investigación no solo puso de manifiesto las dificultades del sector, sino también las grandes oportunidades para mejorarlo.

Por ejemplo, el profesor Molano dijo que se deben aprovechar las nuevas tendencias, como las tecnologías orientadas a la disminución de pérdidas (envases activos y con atmósfera modificada); aquellas que informan sobre el estado del producto (indicadores de temperatura o frescura) y las que emplean componentes que ayudan a mejorar la funcionalidad y calidad de los alimentos (materiales de alto desempeño, resistencia y permeabilidad específica).

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