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En vista de que muchas personas asocian la palmicultura con malas prácticas agrícolas, Camilo Manrique, administrador de la reserva natural Inversiones La Palmera Corosito, en Maní (Casanare), quiere demostrar que es posible que en el país convivan de forma responsable con el medio ambiente la palmicultura y la ganadería.

En esa zona, a pesar de no ser de tradición palmera, hay cerca de 25.000 hectáreas sembradas.

Para evitar un impacto negativo en los suelos y el medio ambiente, es fundamental, en el momento de aplicar los fertilizantes, conocer el suelo, la dosis y el tiempo apropiado.

Por eso en el predio, de 3.000 hectáreas, los residuos de la actividad palmicultora, que tienen nutrientes como nitrógeno, potasio y fósforo, se utilizan para fertilizar las praderas para la ganadería, y los productos derivados del proceso de extracción del aceite de palma, tales como el decanter, se usan complementar la dieta de los animales que viven en la finca, en la que también habitan especies como el caimán llanero o cocodrilo del Orinoco.

“Contamos con aproximadamente 1.500 hectáreas de reserva natural, donde hemos trabajamos con la Corporación Autónoma Regional de la Orinoquía, la Fundación Palmarito Casanare y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) para generar programas de conservación. Así mismo, desarrollamos un plan de rehabilitación y reincorporación de especies en peligro de extinción con The Nature Conservancy”, explica Manrique.

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