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Es así como la incidencia del clima es un factor fundamental para la agilización de las labores de cultivo, mantenimiento, cosecha y transporte del fruto a su lugar de procesamiento.

Dentro de las diferentes alternativas de cultivos para el trópico bajo, la palma de aceite es catalogada como uno de los productos más sostenibles y duraderos. Y, en este sentido, el clima tiene un factor influyente para la siembra, para preservar el recurso del suelo y para restituir los elementos extraídos de la palma.

Para Edgar Benítez, PhD en fitopatología y jefe de innovación de Colinagro, en el caso de que el suelo tenga niveles adecuados de nutrientes, el proceso de fertilización del cultivo de la palma de aceite es primordial.

“Aunque el objetivo de aumentar la productividad debe ser uno de los principales intereses del palmicultor, también es importante recordar que el balance adecuado de nutrientes y fertilización en una palma es necesario para que ella pueda cumplir todos sus ciclos fisiológicos y esté en capacidad de responder eficientemente a condiciones climáticas extremas”, dijo.

Es por ello que el enfoque ambiental por Fedepalma, Cenipalma, el Ideam, y otras entidades relacionadas con el sector, han incluido criterios en zonas climáticas de alto riesgo para el cultivo de palma de aceite en el país, usando la serie comprendida entre 1971 a 2000.

Allí se encontró para la lluvia una tendencia negativa, la cual se traduce en una reducción de las precipitaciones en amplios sectores de la zona Andina, sur de la región Pacífica que afecta la zona Occidental palmera y Piedemonte Llanero, relacionada con la zona Oriental palmera.

Asimismo, se obtuvo una tendencia lineal positiva que se refleja en el incremento de las precipitaciones de la Zona Caribe, relacionada con la zona Norte palmera, las cuales se pueden considerar zonas vulnerables para la siembra en caso de cambios climáticos como el de la actual sequía.

Para Cristian Gutiérrez, director técnico de Terkim, el reto para los profesionales y técnicos de los cultivos es optimizar la nutrición de cultivos, ya que el vehículo por excelencia es el agua.

“Aunque se vuelve reiterativo que en invierno no se sabe para dónde enviar el agua y, en el verano, no saber cómo llevarla en los cultivo, es importante ejercer estudios a la realidad”, aseguró.

Si bien los grandes cultivos cuentan con sistemas de riego especializado, no se tiene en cuenta el agua como recurso no renovable y , cuanto mayor cuidemos el agua, más sostenibles seremos en el largo plazo con el cultivo”, añadió el ingeniero.

Benítez considera que los centros de investigación son importantes para tomar medidas ante los cambios climáticos en varios fenómenos del cultivo.

“Hay que considerar la extracción de nutrientes; mantener una constante medición en campo y deficiencias en el suelo; y conocer las limitaciones de la plantación, desde el clima como la fertilización, todo bajo un concepto integrador del cultivo”, concluyó.

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