Casa de campo Xavier Becerra Silva

Apostar por el origen y el café de especialidad

23 de septiembre de 2026
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Colombia está atravesando por una oportunidad que parece estar aprovechando: dejar de pensar en el café únicamente como un producto agrícola y entenderlo como una expresión de origen, calidad y valor agregado. El café de especialidad puede ser una vía para que el país deje de ser visto como un proveedor de materias primas y empezar a exportar productos elaborados y con sello de calidad.

El reciente caso de Tolima resulta ilustrativo durante la Feria Internacional Cafetera en Chaparral, en la que un café producido en Ortega alcanzó los US$75 por libra, el precio más alto registrado hasta entonces en una subasta cafetera del departamento. El comprador fue un inversionista francés y el lote tenía como destino París. Lo importante es que un productor rural puede llegar a mercados internacionales cuando la calidad de su café logra diferenciarse.

Hablar de café de especialidad no se limita únicamente a una tendencia de consumo. Detrás de una taza hay variedades, condiciones de origen, trabajo en finca, procesos de beneficio, conocimiento y una historia. Cuando esos elementos se cuidan, el café deja de competir solamente por volumen y precio y empieza a ser reconocido por identidad y calidad.

Colombia ya tiene reconocimiento mundial por su café y el siguiente paso debería ser profundizar esa reputación con una estrategia que permita identificar, proteger y promocionar los cafés de alta calidad de cada territorio.

Para departamentos como Tolima, apostar por esa diferenciación puede tener un efecto que va más allá del caficultor. Las subastas, las ferias y la llegada de compradores internacionales pueden movilizar comercio, turismo, gastronomía y servicios. El café puede ser una puerta para que el mundo ya conozca los territorios donde se produce.

El reto está en conectar esa calidad con compradores dispuestos a reconocerla y pagarla. Para eso se necesita fortalecer la formación, la trazabilidad y la promoción internacional.

Colombia no necesita vender más café. Necesita lograr que más personas quieran conocer de dónde viene, quién lo produjo y por qué una taza puede ser distinta a otra. Apostarle al café de especialidad es apostarle al origen. Para economías como la del Tolima, convertir ese origen en valor puede ser una oportunidad de desarrollo para la región.

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