Comentarios Claudia Calero Cifuentes

La CAN necesita sinceridad

11 de febrero de 2026
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Se necesita honestidad sobre lo que hoy es la CAN. Esto la fortalecería. Lo que se requiere es pasar del discurso a resultados y beneficios concretos

El pasado 1 de febrero no fue un día cualquiera en la historia comercial andina. Ecuador y Colombia, socios de la CAN desde 1969, iniciaron una tensión comercial con la imposición de aranceles de 30%. Cada uno en su esquina, o, mejor dicho, a cada lado de la frontera, poniendo en riesgo un intercambio bilateral que en 2025 fue de US$2.664 millones.

Mientras tanto, en Rumichaca, los camiones se acumulaban en filas, para intentar cruzar antes de la medianoche del 31 de enero. Ante este panorama, surge una pregunta inevitable para el sector agropecuario: ¿qué significa hoy la CAN para los productores?

La Comunidad Andina (CAN), conformada por Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú, ha sido históricamente uno de los destinos más importantes de muchos productos colombianos. Y aquí traigo a colación el caso del azúcar.

Por cercanía geográfica, complementariedades productivas y reglas de integración, la CAN ha sido durante años un espacio natural para la inserción del azúcar colombiano. Sin embargo, hoy esa promesa de integración dista de cumplirse plenamente.

El comercio de azúcar dentro de la CAN se ha ido erosionando, no por falta de competitividad colombiana, sino por una sucesión de decisiones políticas y administrativas que han desdibujado el propósito andino. Durante varios años, Ecuador y Perú mantuvieron restricciones al ingreso del azúcar colombiano, amparadas en retaliaciones autorizadas por el Tribunal de Justicia de la CAN precisamente, en un contexto de disputas ajenas al sector azucarero. Aunque estas medidas se levantaron en 2023, el daño se hizo.

A ello se suma la reciente decisión del gobierno ecuatoriano de imponer un arancel de 30%, que también afecta al azúcar. Ecuador ha sido históricamente un destino relevante para nuestro producto, ya que cubrimos cerca de 70% de lo que no producen. De hecho, según cifras de la Dian, entre 2023 y 2025 ese país fue nuestro quinto destino: ahí enviamos 10% de las exportaciones totales de la industria azucarera.

Este arancel reduce de manera directa la competitividad de este alimento colombiano en Ecuador y abre la puerta a su reemplazo por azúcar proveniente de Perú y Bolivia, que, como miembros de la CAN, seguirán accediendo a ese mercado libremente. El resultado es una clara desventaja para nuestros azúcares que terminan pagando aranceles mientras los otros socios no tienen esta limitación.

Otro ejemplo es el de Bolivia. En 2025, ese país representó cerca de la mitad de las importaciones de azúcar que ingresaron a Colombia. En contraste, los azucareros colombianos no lograron exportar a Bolivia ni un kilo. En la práctica, la puerta para entrar azúcar a Colombia desde Bolivia está abierta, pero la de ese país está cerrada… desde el año 2013.

Sincerar la relación comercial dentro de la CAN no implica romperla, lo que se necesita es devolverle coherencia. Una integración que solo funciona en una dirección deja de serlo y se convierte en un problema. Si la CAN aspira a seguir siendo relevante, debe garantizar reglas efectivas, acceso recíproco y condiciones simétricas. Lo demás es cuento.

Se necesita honestidad sobre lo que hoy es la CAN. Esto la fortalecería. Lo que se requiere es pasar del discurso a resultados y beneficios concretos. En la práctica, se deja ver que cada país termina actuando como mejor le convenga. El Estado colombiano debería impulsar esta conversación. Es momento de hablar con la franqueza que merece la relación comercial entre países vecinos que comparten frontera e historia.

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