Agro

La producción y crianza de gusanos de seda se niega a desaparecer de Timbío, Cauca

En una hectárea pueden caber más o menos 20.000 matas de morera, hábitat del gusano de seda
Jorge Luis Velasco Tunubala
12 de agosto de 2026
Natalia Albor / LR

En la década de 1980, una profunda crisis sacudió al Eje Cafetero colombiano y obligó a varios municipios de sus alrededores a reinventar sus fuentes de sustento.

Fue así como en Timbío, un municipio del Cauca ubicado a pocos minutos de Popayán, surgió una alternativa impensable: la cría del gusano de seda.

La sericultura, es decir, el cultivo y cuidado de estos insectos, dejó de ser un conocimiento exclusivo asociado al lujo asiático para convertirse en el motor económico que ha sostenido durante décadas a generaciones enteras de familias timbianas.

Hoy, el municipio ha hecho suya esta técnica milenaria, transformando su tejido social y productivo mediante la comercialización de hilo de seda y la elaboración de piezas artesanales únicas, como ruanas, bufandas y joyas tejidas con este material.

Aunque buena parte de la economía local continúa dependiendo del sector agropecuario, la sericultura ha adquirido un papel protagónico gracias a su importancia cultural y económica, beneficiando a cientos de personas.

Según la Alcaldía de Timbío, esta actividad no solo constituye uno de los principales motores económicos del municipio, sino que además es única en el departamento del Cauca por desarrollar este tipo de producción.

Para quienes viven de la sericultura, esta labor exige una dedicación permanente, disciplina y un cuidado extremo, ya que cualquier error durante el proceso puede afectar gravemente el desarrollo de los gusanos y, en consecuencia, la calidad de la seda obtenida.

A escala internacional, China lidera la industria al aportar 68% de las exportaciones mundiales de seda cruda, seguida por la India, que produce alrededor de 38.500 toneladas métricas de hilo en miles de aldeas.

En todo el mundo, la sericultura genera empleo directo para más de 12 millones de personas. Los tejidos elaborados con seda natural representan cerca de 47% de la demanda del mercado de textiles de lujo, impulsado por consumidores que buscan prendas de alta calidad.

En este contexto, las mujeres constituyen 61% de la fuerza laboral del sector, una realidad que también se refleja en la región.

Mientras Brasil se consolida como el principal productor de seda de América Latina, en Colombia es Timbío el municipio que marca la pauta y se posiciona como el principal referente nacional de esta actividad.

Esta transformación comenzó cuando la Federación Nacional de Cafeteros, con el propósito de mitigar los efectos de la roya sobre las fincas cafeteras, impulsó proyectos de diversificación productiva e instaló en Timbío una empresa piloto dedicada a la producción de seda.

Junto con esta iniciativa llegaron técnicos chinos que compartieron con las jóvenes de la comunidad los conocimientos de un oficio milenario relacionado con la obtención y el procesamiento de la seda.

El verdadero nacimiento de la artesanía local se produjo cuando la industria comenzó a descartar los capullos que, por su forma, tamaño o color, no eran aptos para el devanado mecánico.

Fue entonces cuando las hijas de los productores campesinos asumieron el reto de transformarlos manualmente, convirtiéndose en las pioneras de Colteseda, una asociación que hoy empodera a mujeres emprendedoras y contribuye a mejorar las condiciones de vida de sus familias.

Quienes se dedican a este oficio afirman que, en comparación con otros cultivos, el esfuerzo físico es menor; sin embargo, requiere jornadas superiores a las ocho horas diarias, en las que deben equilibrar las responsabilidades del hogar con las exigencias del trabajo en el campo.

Desde el punto de vista técnico, la cadena productiva funciona como un engranaje cuidadosamente articulado que va desde el cultivo de la morera hasta la elaboración del producto terminado.

Todo comienza con las 18.000 plantas de morera establecidas en la vereda El Arado. La primera cosecha tarda aproximadamente seis meses y, posteriormente, las recolecciones se realizan cada 85 a 90 días.

El ciclo de vida del gusano de seda es muy corto: apenas 30 días bajo el cuidado permanente de los productores.

Estos reciben los huevos fertilizados desde Pereira o Popayán para iniciar una cría que exige condiciones rigurosas de asepsia, iluminación y ventilación.

Además, el proceso es altamente sensible a las variaciones de temperatura ocasionadas por el cambio climático, lo que ha obligado a implementar sistemas de riego para mantener los cultivos de morera durante las temporadas secas y mecanismos de calefacción para proteger a los gusanos durante el invierno, con el fin de evitar incrementos en la mortalidad de los insectos y garantizar la calidad de la producción.

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