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Dentro de éstas, una de las crisis más silenciosa y padecida por el ganado suele ser el estrés calórico, una condición que, si no se identifica a tiempo y se toman medidas para paliarla, puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza para los ganaderos que ven caer la productividad de la lactancia o la carne para venta.


Sin embargo, identificar el estrés por calor no es una labor complicada, pues hay condiciones muy específicas en las que los animales suelen ser propensos a sufrirlo y efectos claros para notarlo.

Por un lado, es clave tener saber que en tierras con temperaturas a partir de 25°C, ya hay una gran probabilidad de que las vacas se afecten por el calor. En estas condiciones, los animales suelen mantener una temperatura de 39°C.

“El ganado suele estar un grado por encima de la temperatura de las personas. Pero si su temperatura es más alta, ya hay un riesgo de que sufra de estrés calórico”, explica Filippo Rapaioli, Zootecnista.

Aún así, en esta etapa no hay seguridad de que el animal padezca esta condición. Como una estrategia para identificar si hay estrés, Rapaioli recomienda que se deje al ganado durante una hora debajo del sol y luego se tome la temperatura. De igual forma, dejarlo por una hora en la sombra, y repetir el procedimiento.

Si al final de las dos pruebas hay una diferencia de más de dos grados corporal, se puede considerar que el ganado padece de estrés por el calor, pues su cuerpo no tiene la capacidad de bajar los niveles de temperatura.

Además de esto, otro de los síntomas evidentes es el jadeo en los animales, porque “el ganado no suele sudar y la única forma de dejar salir el calor y los gases, es a través del jadeo”, señala Edgar Giraldo, administrador agropecuario, quien agregó que el sudor aparece como una necesidad de las reses por refrigerarse.

Finalmente, las necesidades básicas del animal también cambian; su interés por alimentarse disminuye y las vacas se hacen reacias a entrar en etapa de celo. En cambio, optan por estar en un estado más sedentario, beben agua todo el día y buscan espacios para descansar. Como consecuencia, durante los momentos de pastoreo del día, se retiran para no estar bajo el sol, sino en lugares sombreados.

Efectos
Uno de los peores resultados que deja el estrés calórico es la baja de peso en las reses. “Como el animal está jadeando, deja de comer, y eso afecta en que crece de forma más lenta, adquiere menos masa corporal y produce menos carne”, agrega Giraldo.

Adicional, hay un impacto en la producción de leche, que afecta tanto a los ganaderos dedicados a la venta del líquido, como a la alimentación de los terneros, que, a su vez, por la condición de las madres, nacen con menor peso.

Finalmente, debido a que el celo se hace ausente en las vacas, los ciclos de reproducción son más lentos y el número de crías durante el periodo de vida también se reduce. Y aunque no es tan evidente, el pulso respiratorio aumenta, pasando de 50 pulsaciones en un minuto, a 80.

¿Cómo paliarlo?
Hay diferentes estrategias para reducir los efectos del calor.
Según explica Armando León Díaz, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Criaderos de la Raza Blonde, Asoblonde, los animales se pueden adaptar a las condiciones climáticas, si se trasladan desde temprana edad a tierras a las que no estén acostumbrados. “Aún así, es una práctica en la que se ha avanzado hace años y en ocasiones no se consigue, porque todo depende de la raza del animal”, agregó.

Adicionalmente, se pueden tomar otras medidas técnicas como instalar mallas plásticas como techos, para sombrear los espacios; difusores de agua para dejarla caer de forma pulverizada sobre el dorso del ganado; suministro constante de agua para beber; y ventiladores de aire en línea.

Finalmente, se pueden crear cronogramas de pastoreo, para que el ganado salga antes de las 10:00 a.m., cuando aumenta la temperatura, y después de las 4 p.m., cuando comienza a bajar el sol.

La raza influye en el estrés
Está comprobado que algunas razas son más aptas para soportar ciertas condiciones climáticas. Por ejemplo, como explica León Díaz, la raza pura Blonde d’Aquitaine suele adaptarse fácilmente a los climas, porque cuentan con pelo que aparece y se cae, dependiendo de la necesidad del animal por preservar la temperatura corporal.

Por el contrario, la unión con el Brahman, denominado Braquitaine, suele estánr acostumbrada al trópico bajo, como en Tolima, Caquetá y Cauca. Es por esto que, antes de trasladar a un ejemplar, es importante conocer si por naturaleza es apto o no a un clima.

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