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Conocer las raíces del caballo criollo colombiano es hacer un recorrido histórico que inició con la llegada de los españoles a América, cuando Cristóbal Colón los trajo durante su segundo viaje en 1493 y desembarcó en lo que hoy se conoce como República Dominicana.

Esto se ilustra en “Caballo criollo colombiano: patrimonio genético nacional”, el más reciente documental publicado por Fedequinas y el Ministerio de Agricultura, en el que se inicia una búsqueda de las raíces y la transformación cultural de este linaje equino en torno a un estilo de vida.

En la pieza audiovisual explican que la mayoría de los ejemplares que llegaron al continente en la expedición de Colón eran de raza Akhal, un linaje con alta resistencia para trabajos duros, con una contextura compacta y baja alzada, junto a otros denominados comunes, con variada morfología.

Pero, aunque eso explica el ingreso a América de estos caballos, sigue la duda es importante aclarar cómo entraron al país. “Durante años, muchas personas me preguntaron cuál es el origen del caballo nuestro, el criollo de paso fino colombiano, los trocadores, trotones y galoperos, también llamados diagonales, una historia que debe remontarse años atrás”, aseguró en el documental Dairo Chica, criador y expositor de estos ejemplares.

La narrativa explica que este ingreso de caballos a Colombia se dio en 1509, por el Urabá Antioqueño, donde fue el primer asentamiento de los españoles. Mientras avanzaban las expediciones de los europeos dentro de la geografía local, fue en 1525 que Rodrigo de Bastidas fundó Santa Marta, y estableció el primer criadero equino con 25 yeguas.

“De los primeros caballos españoles y trotones descienden los de hoy en día y la raza que se adaptó al ambiente que les tocó, un clima totalmente distinto, una topografía agreste difícil para el equino. Entró la naturaleza misma que les dio corto tronco, talla menor, y permitió que evolucionara durante muchos años para ir obteniendo lo que hoy es un patrimonio genético”, explicó en el documental Angela Ochoa, jueza internacional y criadora.

Pero muchas de las personas consultadas en el documental llegan a un punto en común: sus abuelos y generaciones anteriores siempre tuvieron afición al caballo por trabajo, para cargar elementos y cosechas o algunos para cabalgatas. Eran otro tipo de caballistas.

Pero de ese legado nace toda una cultura e industria caballística que enaltece a estos ejemplares únicos en el mundo. Aunque tiene el mismo orden genético, se puede desplazar en cuatro diferentes modalidades: trote y galope; trote; paso fino; y trocha.

Ochoa explicó que “el trote es un movimiento en dos tiempos, un aire marchado, que siempre sigue una de las diagonales apoyada en el piso, una garantía de suavidad, comodidad y que tiene una sonoridad especial”.

A diferencia, el galope es un andar de tres tiempos, que inicia con un posterior, la diagonal opuesta y termina con la mano opuesta de la que se inició.

La siguiente modalidad es el trote, un movimiento en dos tiempos, un aire marchado, que siempre sigue una de las diagonales apoyada en el piso, y da garantía de suavidad, comodidad y que tiene una sonoridad especial, según Ochoa.

Estas particularidades del caballo criollo colombiano encierran a toda una industria que genera más de $6 billones anuales y que aporta 0,67% al PIB agropecuario e impacta con 480.000 empleos directos e indirectos, según las cifras de Fedequinas, un gremio que organiza a 24 asociaciones federativas.

“Hay 24 asociaciones que tiene el país que están agremiados en la Federación Colombiana de Asociaciones equinas (Fedequinas), que por disposición nacional lleva el libro genealógico de la raza del caballo criollo colombiano de paso desde 1998. Estas federaciones están en 19 departamentos, y calendan 160 exposiciones equinas que se realizan de enero a diciembre”, dijo Héctor José Vergara, presidente de la entidad.

Según Lucas Londoño, director administrativo de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos de Sillas (Asdesilla), un solo caballo de alto rendimiento y performance puede tener alrededor de siete personas con actividades en torno a él, desde el que lo alimenta, lo organiza, su entrenador, su herrero, quien limpia su pesebrera, los médicos veterinarios, quien lo transporta, entre otros.

Es un motor económico y se demuestra en las ferias y exportaciones de los ejemplares, actividades que van al ritmo de los andares del caballo.

“Colombia exporta alrededor de 200 caballos anualmente. Los precios de estas exportaciones tienen un rango muy amplio, dependiendo del tipo de actividad del equino. No es lo mismo exportar un caballo campeón en las pistas a exportar un ejemplar de paseo y de disfrute, que también salen del país, pero ese caballo puede costar entre US$10.000 y US$20.000, si es un caballo de alto rendimiento, de alta competencia, ya superan los US$400.000” dijo Londoño.

Escuelas de chalanería

Algunas de las personas entrevistadas en el documental ven una oportunidad enorme en las escuelas de la chalanería para seguir adelante con el legado de los caballos criollos.

La chalanería es un deporte en el cual se monta caballo criollo de paso para hacer una correcta conducción del cuadrúpedo y, según Coldeportes, se compone de cuatro pasos: el paso fino, la trocha, el trote y el galope.

Ya existen instituciones como el Colegio Cartagena International School que decidió usar la chalanería para desarrollar métodos educativos y crear habilidades de liderazgo en sus estudiantes. Entre ellas se encuentran la comunicación, el trabajo en equipo y la inteligencia emocional.

Daniela Carvajalino, presidente de la institución educativa, aseguro que el objetivo de esta estrategia es “ir más allá del ámbito académico y desarrollar habilidades socioemocionales que aporten a la vida presente y futura de nuestros estudiantes. Es por eso que encontramos una excelente herramienta pedagógica en la chalanería y la relación entre el jinete o amazona y el caballo”.

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