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Del total del área cultivada en Estados Unidos, 33% de las cosechas corresponden a la producción de maíz, 31% a la soya y otro 21% viene de los cultivos de trigo, de acuerdo con cálculos hecho por el Departamento de Agricultura de ese país (Usda, por sus siglas en inglés).

En el caso particular de la soya, en 2015 se usaron 33,4 millones de hectáreas para la producción de este grano, que en 95% vino de semillas genéticamente modificadas, popularmente conocidas como transgénicas (GMO), lo cual, según los granjeros (que cumplen al tiempo el papel de pequeños exportadores) ha incrementado notablemente sus cosechas.

Un testimonio de la mejora en los cultivos de soya y maíz usando semillas transgénicas es la Familia Harford, que tienen actualmente una granja de 60 hectáreas en Mazon, en Illinois, administrada por Doug Harford.

En relación con el trabajo que realizan, Doug Harford contó que se cultiva “mayormente para la exportación de estas partes del país, tenemos una pequeña cantidad de planta de etanol pero el mercado está muy bien en exportación porque estamos cerca al sistema del río Illinois, que tiene líneas terminales”.

“Entregamos gran cantidad de nuestros granos allá y esos granos se embarcan al Illinois, luego al Mississippi y muchos pasan por el canal de Panamá”, relató el granjero sobre sus productos, en su mayoría, genéticamente modificados.

Según el CEO del Consejo Exportador de Soya de Estados Unidos (Ussec), Jim Sutter, “la tecnología está cambiando y nos está haciendo más inteligentes, nos da información constante y eso se puede hacer en la agricultura, no queremos hacer crecer a los cultivos de la forma como lo hacían nuestros abuelos, queremos hacerlo de forma moderna”.

Así, los beneficios que le han dejado los cultivos con GMO a la producción de la granja Harford se contrastan con los costos que debe asumir. “El costo de las semillas (transgénicas) es de US$250 por hectárea y de las normales es de cerca de US$100 por hectárea”, explicó Doug.

“Los herbicidas pueden costar US$60 por hectárea”, dijo, aunque reconoció que con las semillas GMO “se utiliza menos químico para prevenir las plagas. Con las semillas normales hay que fumigar tres o cuatro veces, mientras que con las GMO máximo dos veces por cosecha”.

En 2015, el Usda reportó que en soya se produjeron 107 millones de toneladas métricas, muy similar a la producción de 2014, aunque notoriamente superior a la de 2013, cuando fue de 92 millones de toneladas métricas.

Ante estas cifras, Jim Sutter, el CEO de Ussec consideró que “hay muchas historias de menor erosión, con menos químicos, menor gasto de agua para riego y esto contribuye a un mejor rendimiento de los campos”.

Observando la evolución del país en el uso y cultivo de semillas genéticamente modificadas, según datos presentados por la Universidad de Purdue, en Indiana, actualmente existen cerca de 100.000 hectáreas con cultivos transgénicos, principalmente para algodón y maíz, siendo el país número 18 en el uso de este tipo de semillas en el mundo. La región está liderada por Brasil, con 44 millones de hectáreas (segundo productor mundial), y Argentina, con 24,5 millones de hectáreas.

Otro caso es el de países como Ecuador, Bolivia, Perú, Costa Rica e incluso Colombia, donde hay una tendencia negativa para aceptar el uso de granos modificados, pues ninguno supera las 200.000 hectáreas cultivadas.

Transgénicos con mala publicidad

Las críticas hacia las semillas GMO viene de un error de comunicaciones por parte de las empresas desarrolladoras, según el CEO del Ussec, Jim Sutter, quien cree que los opositores a los transgénicos supieron posicionar una imagen negativa y que las compañías no presentaron sus avances como positivos

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