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Alimentar a las 7.500 millones de personas que en promedio habitan la Tierra se ha convertido en un desafío para la sostenibilidad del planeta, ya que en el proceso de obtener alimentos se ha llegado a prácticas que fomentan el cambio climático como la ganadería extensiva y la deforestación.

Con el propósito de hacer más sostenible la producción de alimentos, un equipo de investigadores de la Universidad de Tufts de Estados Unidos desarrolló un estudio en el que explica cómo las dietas basadas en plantas, en insectos y en la carne cultivada en laboratorios podrían ser soluciones para salvar el planeta.

En la investigación, que en español se llama ‘Posibilidades para el tejido de insectos manipulados como fuente de alimento’ y fue publicada en Frontiers in Sustainable Food Systems, se concluyó que la agricultura celular es un campo de innovación en rápido crecimiento a través del cual se puede lograr un sistema alimentario sostenible, en el que se haga un uso responsable de los recursos naturales y se eliminen los efectos nocivos de la cría de animales de alta densidad, sin necesidad de cambiar el comportamiento del consumidor.

“La aplicación del cultivo de células de insecto en la agricultura celular es prometedora como un medio para superar las restricciones técnicas y lograr un alto volumen, bajos insumos y una producción de alimentos nutritivos”, se puede leer en un apartado del estudio.

LOS CONTRASTES

  • William MichaelsPresidente Fundación Cultural y Ecológica

    “Consumir insectos puede ser una manera de reducir plagas en cosechas como los saltamontes o los gusanos. Sin embargo, hay que mantener un equilibrio ambiental”.

Debido a que la carne, las aves de corral y los mariscos cultivados en el laboratorio aún están en desarrollo, los investigadores resaltaron que puede haber oportunidades para agregar otras fuentes a la mezcla, como células de insectos.

William Michaels, presidente de la Fundación Cultural y Ecológica de Colombia, destacó que en países asiáticos y en México ya es posible encontrar harina de grillo, la cual se utiliza para hacer hamburguesas.

“Quienes utilizan insectos para preparaciones culinarias resaltan que tienen más proteína que la carne de vaca y, además no tienen grasa”, dijo.

Otros estudios han hallado que 40% de los consumidores estadounidenses estaría dispuesto a probar la carne cultivada en el laboratorio, sin embargo, esa cifra podría disminuir si entre la lista de ingredientes se incluyeran las células de insectos. En este sentido, los realizadores del estudio reconocieron la ‘neofobia alimentaria’, que significa un miedo extremo o irracional o una aversión a cualquier cosa nueva o desconocida.

Michaels dijo que hay que mantener un equilibrio, para que el consumo de insectos no genere crisis ambientales.

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