Agro

El tigrillo lanudo está en estado de vulnerabilidad pero sobrevive en Cundinamarca

Investigadores de la Unal identifican presas clave del tigrillo lanudo para asegurar su permanencia en los bosques de Cundinamarca
Natalia Albor Rojas
17 de abril de 2026

El tigrillo lanudo o reconocido científicamente como Leopardus pardinoides, un felino más pequeño que un gato doméstico, se encuentra en estado de vulnerabilidad por la expansión ganadera y los proyectos de infraestructura eléctrica que afectan su hábitat.

A pesar de las crecientes amenazas, investigaciones recientes de la Universidad Nacional de Colombia han confirmado su supervivencia en zonas estratégicas de Cundinamarca, específicamente en los municipios de Tabio, Subachoque y Tenjo.

Esta especie que habita los bosques de montaña entre los 2.400 y 3.500 msnm, cumple un rol ecológico vital, aunque se estima que estos ecosistemas han perdido cerca de 80% de su cobertura natural en las últimas tres décadas.

Uno de los factores críticos recientemente identificados es la construcción de proyectos de infraestructura eléctrica, como la instalación de cientos de torres de alta tensión que atravesarían reservas forestales clave. Esta invasión del paisaje obliga a los tigrillos a desplazarse y adaptarse a fragmentos de bosque cada vez más reducidos, aumentando su vulnerabilidad con posibles conflictos con animales domésticos y la pérdida de recursos.

Un estudio liderado por el biólogo Matheo Alejandro Valero Escamilla se trató en evaluar la oferta de presas que tendría el tigrillo en la zona, lo que es algo determinante para una especie depredador con esta. Para ello se usaron cientos de trampas de captura viva y cámaras trampa y se logró identificar que la presa más abundante es el ratón de patas blancas. La presencia de este ratón y otros pequeños mamíferos terrestres sugiere que, por ahora, el tigrillo puede seguir alimentándose sin necesidad de recorrer grandes distancias ni exponerse en zonas abiertas, lo cual es fundamental para su conservación.

Muchas trampas fueron saboteadas por zarigüeyas, que compiten por alimento con el tigrillo. Estas se acercaban al cebo, tiraban la trampa y luego se iban. Los tigrillos también pueden llegar a alimentarse de las crías de estos animales”, indica el biólogo, quien durante el seguimiento captó un solo tigrillo lanudo en una cámara trampa, la cual permanecía instalada en la zona para esperar su repentina llegada.

Sin embargo, la investigación destaca que cualquier reducción adicional del bosque inmediatamente impactaría primero a las poblaciones de presas, provocando la desaparición en cadena del tigrillo. Además, la baja tasa de reproducción de la especie, que solo tiene una o dos crías al año, limita su capacidad de recuperación frente a intervenciones externas. Por ello, se hace un llamado a las autoridades y a la comunidad para implementar planes de manejo que fortalezcan el conocimiento científico sobre la especie y aseguren la protección de los corredores biológicos en Cundinamarca.

 

 

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