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Con el propósito de brindar alternativas para el manejo y control biológico de la Cochinilla Acanalada, una plaga que afecta a árboles frutales como mango, madroño y guanábana y que se presenta en ambientes rurales y urbanos con mayor frecuencia, el Centro de Investigación Caribia de Corpoica desarrolla investigaciones que buscan alternativas de bajo impacto en el medio ambiente contra este insecto.

La Cochinilla Acanalada es una plaga de origen australiano que se ha introducido de manera accidental en países ubicados en el trópico como Colombia, y que “se alimenta de la savia de las plantas donde además desarrolla su ciclo de vida. Se han reportado cerca de 25 especies de plantas hospederas”, indicó Ángela Arcila, investigadora Ph. D. del Centro de Investigación Caribia.

Conocida por su nombre científico como Crypticerya multicicatrices, y de acuerdo con los registros actuales, se encuentra en 36 municipios en varios departamentos de Colombia e, incluso, en San Andrés donde llegó accidentalmente en 2010.

“La Cochinilla Acanalada está presente en todos los departamentos de la región Caribe, ya que ambientes con altas temperaturas y baja humedad relativa son los que más favorecen el desarrollo de este insecto, por lo que es común encontrar poblaciones más altas en La Guajira y Magdalena”, aseguró Carlos Brochero, experto del Centro de Investigación Caribia.

Por su parte, Arcila complementó que “su distribución va desde una altitud de dos metros sobre el nivel del mar en Cartagena hasta cerca de 1.600 metros como en Itagüí (Antioquia), por lo tanto, se encuentra en gran variedad de condiciones climáticas. Sin embargo, las investigaciones realizadas por Corpoica indican que altas poblaciones son favorecidas por alta temperatura y condiciones secas”.

El impacto y la afectación que genera este insecto depende de la magnitud de la infestación que puede llegar inclusive a la muerte o debilitamiento de las plantas, si no se controla de manera eficaz.

Por esta razón, los estudios en detalle de la biología de la especie, su ciclo de vida, las condiciones ambientales, su distribución geográfica y plantas que se hospeda, entre otros aspectos, hacen parte del eje de las investigaciones que buscan el control biológico del insecto.

“Si bien nuestra apuesta en este caso fue por el control empleando enemigos naturales como la Mariquita Vedalia Rodolia Cardinalis y la mariquita nativa Anovia Punica, también se han evaluado estrategias complementarias desde manejo cultural con podas de los árboles, hasta el uso de insecticidas y extractos de plantas compatibles con el control biológico”, agregó Arcila.

Brochero explicó que se han identificado sus enemigos naturales y en San Andrés ha disminuido considerablemente, gracias a los depredadores que posee y que pueden controlarla de manera natural, a pesar de que en su mayoría el daño es estético, y en raras ocasiones causa la muerte de los árboles.

Por esto, “otras medidas y alternativas para el manejo de esta plaga como podas sanitarias y aspersiones con aceites agrícolas son muy efectivas en el control de la cochinilla acanalada y no son agresivas con los insectos benéficos”, concluyó el experto.

El monitoreo es clave para su detención

Para mitigar el impacto de este insecto uno de los principales consejos es el monitoreo frecuente de los árboles que puedan ser objetivo de la plaga. Estrategias de manejo cultural como poda de las ramas afectadas o lavado con agua jabón de las estructuras colonizadas por la Cochinilla son más efectivas cuando la plaga se detecta en las primeras etapas de establecimiento. Así mismo, evitar al máximo el uso de insecticidas de amplio espectro que no solo no logran un control efectivo de la plaga, sino que además acaban con sus depredadores naturales, son recomendaciones a tener en cuenta según Ángela Arcila.

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