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De ahí la importancia de los abonos que tradicionalmente fueron de naturaleza orgánica, sin embargo, la revolución verde que trajo consigo grandes extensiones de cultivos cambió esta metodología y hoy en día en mayor proporción se utilizan los abonos químicos.

“Primero hay que identificar mediante el análisis de suelos los elementos nutricionales y una vez se tenga esa información científica, puedo definir un plan de fertilización y hacer una recomendación técnica con el fin de que el cultivo exprese su máximo potencial productivo para que la inversión sea la adecuada y no incurrir en sobrecostos”, explica el ingeniero agrónomo César Pineda Castaño. 

Para la ingeniera agrónoma Liliana Álvarez, de  Unisarc, el éxito está en la combinación de las dos alternativas, tratando no sólo de sostener el ambiente sino alcanzado buenas producciones.

Los abonos orgánicos se pueden preparar con residuos de cosechas y algunos materiales orgánicos que son desechos o subproductos de los cultivos mismos en los que ya se hizo una inversión, estos se pueden reutilizar en los cultivos como nutrientes, pero además ayudan a mejorar en gran medida las condiciones físicas del suelo. Por su origen natural son más inofensivos al ambiente y tienen menor impacto.

Al provenir de materiales renovables los abonos orgánicos son sustentables, lo que permite aumentar la fauna bacteriana, sin embargo, si no son preparados de las mismas fuentes que provee la finca, algunos fertilizantes orgánicos certificados son hasta 50% más caros que los tradicionales; y por otro lado, una mala composta puede generar enfermedades bacterianas.

Productos de origen natural son apetecidos
En un mundo en el que los productos con certificación orgánica son más apetecidos, los fertilizantes de origen natural son cada vez más demandados, es así como Lombricol FO-E01 surge de una iniciativa que duró más de 27 años en investigación.

Gerardo Cataño, gerente de Abonos Orgánicos Lombricol, señala: “se convirtió el humus sólido de las lombrices en un fertilizante líquido sin perder sus propiedades, con grandes ventajas para los cultivos”.También beneficia sus bajos costos, fertilizar una hectárea de tierra de café puede costar al año cerca de $2 millones 500.000 y con este fertilizante se disminuye a $345.000.

 

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