Con una trayectoria en el sector champicultor que data desde 1986, Jorge Suárez, gerente de Funglus, es uno de los empresarios de este gremio con más conocimiento sobre la actualidad y proyección del tipo de hongo comestible más popular en el país.

Agronegocios habló con Suárez sobre la manera cómo la compañía ha fomentado el crecimiento para otros champicultores a nivel nacional por medio de compost de calidad, un elemento clave para generar una producción fresca en el mercado.

¿Cómo nació Funglus?
La iniciativa empezó en 1986 junto a un socio con el que producíamos de 200 a 300 kilos mensuales. Ya luego nos trasladamos a la actual finca en el corregimiento de Santa Elena en Medellín y para ese momento pretendíamos producir dos toneladas mensuales, lo cual se logró. La tecnología del momento era bastante precaria y no lográbamos producir mucho, pero con los túneles de pasteurización se logró un avance de calidad. Al inicio la empresa se llamó Comercializadora de Champiñones.

¿A qué se debió el cambio de razón social a Funglus?
El nombre actual viene de dos palabras: fungus, que en latín significa hongos e iglús que en el idioma esquimal significa casa. Como tal Funglus significa ‘Casa de Hongos’ y se formalizó a raíz de la obtención de dos patentes, entre ellas un iglú como casa de cultivo especial para producir champiñones, por lo que nos pareció pertinente la modificación.

¿Cuántas toneladas produce en la actualidad la empresa?
Con el incremento de la productividad por metro e innovación que hemos desarrollado en Funglus, hemos consolidado una producción de 385 toneladas de compost sembrado mensual para otros cultivadores en diferentes regiones del país, el cual hace que produzcamos 100 toneladas de champiñones frescos para el mercado nacional.

¿Cuál ha sido el secreto para ser exitoso en un sector que no es tan popular en Colombia?
A través de los años y la experiencia recorrida, diseñé un decálogo para el champicultor que seguimos en la empresa y contiene principios para ser exitoso. Cualquier agricultor que lo aplique le podrá funcionar.

¿Cuál es el valor agregado que tienen los champiñones y compost de Funglus para los productores?
La parte más compleja de producir champiñones, sin duda alguna, es la elaboración del compost, que puede ser también la parte más tediosa. Es el material potencial que limita o expande la producción, por lo que nos enfocamos en generar un compost de alta calidad y eficacia para los productores.

¿Cómo ha crecido la relación en este sentido con los champicultores en las regiones?
Es una de las partes más exitosas como empresa que hemos desarrollado y es hacer que otros se vuelvan buenos productores de champiñones. En algunos casos, se han duplicado las productividades y se han enfocado en producir champiñones frescos, con buena calidad y servicio y aportemos en conjunto 100 toneladas al mercado.

¿Qué países deberían ser ejemplo o referente para que Colombia crezca en este producto comestible?
Holanda es un referente pues se desarrolló a través de la centralización del compostaje y la estandarización de los procesos de cultivo. España también ha copiado este modelo con éxito.

¿Qué le hace falta al sector champicultor colombiano?
Divulgación para consumirlo más, sus bondades gastronómicas, en la salud y el medio ambiente que son múltiples y más educación al respecto.

Cuenta con dos patentes de invención
Funglus patentó dos invenciones claves para el sector champicultor a nivel mundial. La primera es el compost hecho con pasto de corte fresco y el iglú para la producción de champiñones, “ambas innovaciones, una reingeniería del cultivo que lo lleva hacia lo simple y la protección del medio ambiente con su uso. Con el compost no se utiliza estiércol y se hace en menos tiempo”, destacó Suárez.

LOS CONTRASTES

  • Cindy García Jefe área compostaje de Funglus

    “El éxito de un cultivo de champiñones radica en 80% en la calidad del compost, mientras que el otro 20% es el manejo adecuado en la producción”.