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Según cifras de la FAO, en Colombia 3,4 millones de personas sufren de hambre y malnutrición,  gran parte de esta población habita en zonas rurales, donde cerca del 47% de la población vive en la pobreza.  Además, pese a la gran extensión agraria del país y la existencia de suelos altamente productivos, anualmente se importan cerca de 12 millones de toneladas de alimento.

Esto se debe, entre otros factores, a que el campo colombiano ha sufrido décadas de abandono estatal, siendo escenario de conflictos sociales, condiciones desiguales y falta de oportunidades.

Es por eso que, en este sentido,  la academia juega un papel fundamental en la formación de jóvenes que comprendan la importancia del campo y posean una concepción diferente del territorio, es decir, que vaya mucho más allá de aspectos únicamente productivos.

De acuerdo con Jorge Gaitán Arciniegas, presidente de la Asamblea general de la Fundación Universitaria Agraria de Colombia (Uniagraria), “el desarrollo rural no puede ser entendido sólo como generación de riqueza, es indispensable tener en cuenta los aspectos como la educación, salud, bienestar y demás condiciones necesarias para el crecimiento integral de las poblaciones, en otras palabras, un desarrollo humano”.

Para eso la institución ha identificado la necesidad de que  los educadores comprendan las características de la realidad rural colombiana y así,  encontrar oportunidades para aplicar los conocimientos de las distintas disciplinas en los contextos rurales.

Buscando consolidar este propósito, 38 docentes de la institución se instalaron durante tres días, en 30 fincas ubicadas en los municipios de Viotá, Anolaima (Cundinamarca) y Tota (Boyacá) con el fin de vivir una inmersión rural al lado de una familia campesina, donde debieron asumir labores cotidianas como ordeño, siembra y recolección de frutos, hortalizas, destilación de ovejas, entre otros.

Frente a esta iniciativa, Jeniffer Sánchez, directora encargada del programa de Ingeniería Civil de la institución, manifestó que, “esta fue una experiencia muy significativa, mediante la cual tuve la oportunidad de conocer la realidad rural y la pasión con la que la familia con la que compartí trabajan el campo. Ahora sé que puedo imprimir esa misma pasión en mis estudiantes, en aras de promover el desarrollo social y humano del sector rural”.

Vale destacar que, el proyecto de inmersión rural se viene desarrollando desde hace tres años con estudiantes de la institución, y esta es la primera vez que la actividad se desarrolla directamente con los docentes como ejercicio de capacitación, teniendo en cuenta la relevancia del reconocimiento directo de la realidad de los campesinos y el papel del desarrollo agrario en la construcción de paz.

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