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La Unal y comunidad del Amazonas recuperan peces en los 21 lagos de Yahuarcaca

Cerca de 2.800 personas viven en la zona, que tiene unas 180 especies de peces, casi la misma cantidad que el río Magdalena
Por:
Salomón Asmar Soto
07 de abril de 2021

Pirarucús, bisagras y gamitanas –o cachamas negras–, especies emblemáticas del sistema amazónico, han vuelto a las aguas de algunos de los 21 lagos de Yahuarcaca gracias a un proyecto de recuperación de la pesca liderado desde hace 12 años por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia y la Organización de Pescadores Artesanales TIKA.

El profesor Santiago Roberto Duque Escobar, del Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani), de la Unal Sede Amazonia, ha sido uno de los abanderados en este proceso de mejora de la pesca en el sistema lagunar y quebrada de Yahuarcaca, cerca de Leticia (Amazonas).

Este proyecto ha tenido otro gran actor: la Organización Tika, conformada por las comunidades de San Sebastián, San Pedro, La Playa, San Juan de los Parentes, San Antonio, La Milagrosa y El Castañal.

Entre los peces o animales de cualquier lago existen unos de gran tamaño que se comen a los otros. Estos son conocidos como especies sombrilla y su presencia es un indicador de que el ecosistema está bien, es decir que no tiene problemas ambientales ni presiones selectivas y severas sobre algunos de los recursos que necesitan para vivir.

Las dos especies sombrilla en los lagos amazónicos son el caimán negro –el cocodrilo más grande de Suramérica, que puede medir hasta 4 m de largo– y el pirarucú, la especie de pez de agua dulce más grande de dicho continente, muy antiguo y de nivel trófico superior. Cuando se empezó el proyecto esta última especie no se encontraba, ahora se han visto en algunos de los 21 lagos de Yahuarcaca, los cuales se han repoblado. Además se puede encontrar abundancia de tucunaré, cará, dormilón y carahuasú, entre otras.

“La gente está cuidando y respetando los lagos, ellos mismos tienen un sistema de autocontrol. Por ejemplo se hace la rotación, es decir se elige en qué lago se entra a pescar y cuál se deja descansar en cada año, lo cual aumenta la pesca”, señaló el profesor Duque.

Ahora se tiene en cuenta quién entra, cuantos peces captura y qué arte utiliza. Al mismo tiempo, la Organización Tika ha elaborado afiches dirigidos a las propias comunidades, entidades y turistas que muestran con qué tipo de mallas se puede pescar y en qué temporadas y cuándo no está permitido, porque ya saben en qué momento los peces tienen huevos y están en época de reproducción.

Por otro lado, se tiene un proyecto de reforestación del bosque inundado mediante el cual se están sembrando árboles nativos donde hubo deforestación años atrás. Gracias a esta labor ya se han encontrado familias de nutrias en la quebrada Yahuarcaca, un mamífero que por su piel fue fuertemente atacado en los siglos XIX y XX.

Trabajo con la comunidad

“El ejercicio ha sido trabajar con la comunidad, identificar los problemas y buscar las soluciones con ellos, es un éxito diferente”, señaló el profesor Duque, quien agregó que “en estas regiones muchos proyectos fracasan por tener una vinculación casi obligatoria sin que la comunidad se integre a ellos necesariamente”.

Aproximadamente 2.800 personas viven alrededor del sistema lagunar de Yahuarcaca. Su fuente más importante de proteína animal es el pescado, y tanto las generaciones de hoy como las futuras dependen de la oferta pesquera que les da el medio natural del territorio en el que viven.

Yahuarcaca tiene unas 180 especies de peces, casi la misma cantidad que tiene toda la cuenca del río Magdalena (alrededor de 200). Con el manejo que se le ha dado a este sistema lagunar se está dando una garantía de supervivencia a generaciones futuras.

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