Agro

Las plagas destruyen hasta 40% de los cultivos anuales sin una bioseguridad adecuada

Prevenir enfermedades vegetales es la estrategia principal para evitar pérdidas millonarias y garantizar la disponibilidad de alimentos frescos
Natalia Albor Rojas
13 de mayo de 2026
PlantHealth

La conmemoración del Día Mundial de la Sanidad Vegetal, para 2026, puso como tema central la bioseguridad vegetal, como clave para la seguridad alimentaria. Puesto que las plantas proveen 80% de los alimentos que consumimos y 98% del oxígeno que respiramos, la prevención de plagas y enfermedades se convierte en una prioridad económica y social, considerando que estos factores pueden destruir hasta 40% de las cosechas globales anualmente.

En el contexto nacional, Bogotá depende 88% del abastecimiento de Cundinamarca, Boyacá, Meta, Tolima y Huila; por esto, la protección de la salud de los cultivos en el campo es poder asegurar la disponibilidad y calidad de la comida que llega a las mesas de millones de personas.

Esta sanidad vegetal no depende únicamente de combatir plagas; también es necesario producir información, hacer monitoreos cuando sea necesario, usar los insumos de manera adecuada y responsable, proteger los suelos, cuidar el agua, y reducir riesgos para quienes producen y consumen.

PlantHealth

El diagnóstico del Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario, Sara, identificó desafíos significativos en cuanto a la inocuidad química y biológica de los alimentos. Actualmente, de acuerdo con el Plan Nacional Subsectorial de Vigilancia y Control de Residuos de Alimentos del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, 59,5% de los vegetales analizados a nivel nacional presenta trazas de plaguicidas, superando en muchos casos los límites permitidos para productos fundamentales como la papa y el tomate.

Este es el resultado del uso incorrecto de plaguicidas, ya sea por aplicaciones sin un adecuado monitoreo técnico, sobredosificación y el desconocimiento en cuanto a los periodos de carencia. Estos manejos inadecuados comprometen la salud del consumidor y del productor, generando en el cultivo una resistencia a plagas por el exceso de productos químicos, obligando a los agricultores a incrementar sus costos de producción y depender más de insumos externos.

En el caso del tomate, por ejemplo, los insumos pueden representar entre 54% y 66% de los costos directos, dependiendo de la presión de plagas y del nivel de tecnificación. A esto se suma que
el país cuenta con un índice de autonomía de fertilizantes de 20%, lo que expone la competitividad del agro a la volatilidad de los precios internacionales y la tasa de cambio.

Ante este panorama, es necesario una transición hacia modelos más sostenibles. La implementación de buenas prácticas agrícolas y la agroecología son estrategias clave propuestas para mitigar los riesgos sanitarios y ambientales. Aunque la producción de bioinsumos en el país sigue siendo limitada, con 0,9% del mercado global de bioinsumos, en su potencial de crecimiento se ofrece una ruta para reducir la dependencia de sustancias químicas.

Iniciativas como, Aliméntate de Región, busca aportar un sistema de abastecimiento más eficiente, fortaleciendo la producción regional para que la bioseguridad vegetal sea asumida como una responsabilidad compartida, garantizando que el camino del alimento, desde la semilla hasta el plato, sea seguro, eficiente y respetuoso con los ecosistemas.

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