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La situación actual de la industria arrocera en Colombia está llena de variantes. Por una parte, están las grandes industrias molineras que acaparan la mayoría del mercado nacional. Solamente los molinos de Arroz Roa, Arroz Diana y Florhuila poseen cerca del 50% de producción de arroz blanco.

Por otra parte, el resto del eslabón corresponde a los agricultores que siembran arroz para venderlo a los grandes molinos. Durante el proceso de venta, el agricultor se ve obligado a enfrentarse a una serie de adversidades que disminuyen la productividad y las ganancias. En 2017, el promedio total de los costos por hectárea llegó a más de $5 millones.

Para entender el proceso, se tendrá como referente el departamento de Casanare, este tiene la mayor área sembrada del país, cerca de 130.000 hectáreas, y en la última medición nacional del segundo semestre de 2017, las hectáreas sembradas en Colombia llegaron a 616.893, es decir, Casanare tiene casi una quinta parte de esa cifra.

Bajo esas dimensiones, los cultivos acarrean un cuidado exhaustivo con altos gastos en cuanto a asistencia técnica, preparación del terreno, arriendo, riego, fertilizantes, protección y recolección.

A esto se suma el corte del cultivo porque la maquinaria es muy costosa. Para el que tiene el capital para comprar, el precio de una ‘combinada’ oscila entre $100 millones y $250 millones, con una utilidad promedio de cinco años. Para el que no, tiene que contratar el alquiler cada vez que necesite cortar.

Fuera de esto, el arroz recién cosechado, paddy verde, luego de su corte, hay tres días máximo para llevarlo a un molino a secarlo porque, de superarse el lapso, ya no sirve para la producción de arroz blanco. En ese punto aparecen los molinos que compran el cultivo y fijan el precio del paddy verde, actualmente a $925. Justo allí el agricultor se ve afectado.

El producto pierde valor por factores de calidad: humedad e impurezas. Bajo esas premisas la industria compra el arroz, y muchas veces el precio es injusto luego de todos los gastos invertidos. Además, deja de recibir entre 7% y 30% del precio por subproductos como cristal, granza y harina, debido a que los molinos no retornan el valor de estos, y en vista que el producto se daña en menos de tres días, no queda otra opción que venderlo porque, de recurrir a otro molino, son filas de días enteros de camiones para vender el arroz en época de cosecha.

Bajo esas dificultades, la labor de la Federación Nacional de Arroceros surge como una posibilidad para que el agricultor no solo venda el arroz paddy verde, sino que llegue hasta las últimas instancias de producción, lo que corresponde al arroz blanco.

En la Planta Fedearroz Pore en Casanare, la primera de secamiento, almacenamiento y trilla construida por la Federación, los agricultores han llegado incluso a crear una propia marca para comercializarla en el mercado, su nombre es Arroz Criollo y ha conseguido logros importantes como ser una de las marcas más vendidas del departamento de Casanare.

Allí el proceso de secamiento, almacenamiento y trilla es de la misma calidad que en otras industrias. Almacena 32.000 toneladas, mientras el potencial de producción del Casanare es de 650.000 toneladas.

LOS CONTRASTES

  • ANDRÉS MAURICIO GUTIÉRREZDirector de planta Fedearroz Pore

    “Es una iniciativa de los productores de generar valor agregado a su arroz con la ayuda de Fedearroz. Es un ejemplo de innovación y desarrollo”.


  • Judi Herrera RiañoMiembro Junta Directiva de Fedearroz

    “Lo que hemos venido haciendo con el apoyo de Fedearroz nos da a los agricultores un valor agregado más o menos de 20% a 25% superior”.

Programa AMTEC de la Federación Nacional de Arroceros

El programa de Adopción Masiva de Tecnología (Amtec) es un modelo de transferencia de tecnología de la Federación Nacional de Arroceros con base en la sostenibilidad, uso eficiente de los recursos y responsabilidad social arrocera. Su objetivo es aumentar los rendimientos y reducir los costos de producción en los sistemas agrícolas.

Arroz Criollo

Arroz Criollo es una marca de Grupo Colombiano de Alimentos que se ha consolidado con la ayuda de la Federación Nacional de Arroceros pese a la competencia de los grandes molinos. Su fundador, Fabio Rodríguez, habló con LR al respecto.

¿Cuándo empezó Arroz Criollo y cuál es su crecimiento?
Iniciamos en 2017 con ventas de 100 arrobas mensuales. Hoy vendemos entre 6.300 y 7.000 arrobas de 11,5 kilos, es decir, cerca de 300 bultos.

¿Cuál es la situación legal de la empresa actualmente?
La empresa está constituida ante Cámara y Comercio. La marca está protegida ante la SIC.

¿Ustedes producen el arroz ?
Lo cultivamos, sin embargo, hay agricultores que creen en el proceso y trabajan con nosotros para que procesemos el arroz en la Federación.

¿Dónde venden el arroz?
Se vende solamente en Casanare en seis municipios. El limitante se debe a que no contamos con el cupo necesario en Fedearroz. Esperamos que las instalaciones crezcan.

¿Cuál es la representación del arroz en el mercado?
Manejamos la referencia de 460 gramos. No quiere decir que engañemos al consumidor porque tienen una referencia de 500. Lo que hacemos es cobrar solo los 460 gramos.

¿Cuál es la calidad ?
Manejamos una sola calidad de 20% de grano partido con un excelente pulido (blancura).

¿Cuál es su precio corriente en el supermercado?
El precio se fija a través de la utilidad por competencia, es decir, teniendo en cuenta el precio de otras marcas en el mercado.

¿Cuántos agricultores tienen como proveedores ?
Iniciamos con 16 agricultores. Para este año tenemos cerca de siete vinculados y en espera de otros 10.

¿Qué ventajas ofrecen al agricultor como empresa?
Logran alcanzar un precio en el paddy verde de hasta $900 el kilo. La industria lo está pagando aquí en Casanare a $840 y el que más los paga a $880, es decir que estamos $20 por encima de las industrias grandes.

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