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A un año de la llegada de la pandemia a Colombia los efectos que ésta ha causado muestran indicadores devastadores. La salud, la industria, el turismo, la educación, el comercio, el agro y, en general, todos los sectores han sido afectados, causando un desplome de la economía del país en un 6,8%, por lo que es más imperativo que nunca buscar soluciones.

Teniendo en cuenta que el país posee una frontera agrícola de más de 40 millones de hectáreas, su población en el campo corresponde a cerca de 30% de la población nacional y según cifras del Dane, durante el tercer trimestre de 2020 el agro aumentó en el PIB 1,5%, comparado con el mismo periodo del año anterior, es innegable que el futuro del país, la reactivación económica y el este sector van de la mano.

“Ahora más que nunca es necesaria una mentalidad empresarial en el sector agropecuario, una donde las decisiones se tomen con base a números y no al ojímetro y se reconozca el tamaño del productor no necesariamente por la cantidad de hectáreas que tiene, sino por lo competitivo y sostenible que logra ser produciendo más con menos", afirmó Alejandro Sáenz, director de relaciones corporativas de Sáenz Fety.

Al ser más eficiente el productor, indicó Sáenz, este tiene menores costos y mayores ganancias; sus trabajadores logran obtener un empleo de más calidad y mejor remunerado; el consumidor consigue mejores productos a un menor precio; el Gobierno puede recaudar más impuestos para financiar el gasto público y la inversión, y, en términos ambientales, se generan beneficios por producir lo mismo o más con menos insumos.

Para Sáenz Fety, entre los retos a los cuales enfrentarse está tener seguridad jurídica, crédito como herramienta real de transformación, fortalecimiento de la infraestructura, una gobernanza adecuada de las instituciones públicas adscritas al ministerio de agricultura y, finalmente, innovación en todos los aspectos, desde los insumos que se utilizan para producir como los modelos productivos utilizados.

“Conocemos la importancia del campo y las costumbres de su gente, por eso este modelo contempla la inclusión de pequeños productores, respetando sus culturas, pero brindando la asistencia técnica y transformación de prácticas para alcanzar mayor productividad, inserción y permanencia en mercados cada vez más exigentes.” Finaliza Sáenz.

Bajo esta dinámica empresarial el directivo asegura que también se generan más empleos formales, inversiones en tecnología, rentabilidad y divisas, desarrollo de infraestructura, servicios públicos, y una vida digna para la población de pequeños productores.

"Con este modelo no solo se logra la transformación del campo colombiano en un agro más sostenible, más rentable, más productivo, más empresarial sino que se convierte en la base de la reactivación económica de Colombia", concluyó.

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