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El bocadillo veleño es elaborado con pulpa de guayaba nativa procedente de plantaciones silvestres.

Dentro de ellas están Santander y Boyacá, especialmente en municipios como Barbosa, Guavatá, Vélez y Moniquirá. Es una agroindustria nacional hecha en casa que mueve cientos de empleos y disemina su aroma y sabor por toda la geografía nacional. Ha llegado a los mercados internacionales desde inicios del milenio, alcanzando estándares de calidad derivados de procesos de Buenas Prácticas Agrícolas y de Manufactura de producto.

Del otro lado del país, en los valles interandinos, sabanas ardientes y piedemontes de cordillera está la guayaba mejorada, la ICA roja uno de forma aperada, que llena las góndolas de grandes superficies en todas las ciudades importantes de Colombia.

La guayaba pera se cultiva en plantaciones densas donde el país ha desarrollado tecnología de irrigación, fertilización, podas y control de plagas y enfermedades. Su productividad es alta y tiende a crecer de forma organizada en regiones como el Valle del Cauca, los Llanos Orientales y en las sabanas del Caribe.

Sin embargo, entre estos dos tipos de guayaba hay algunas diferencias. Aunque podemos hacer jugo de ambas y saborearlas en fresco, la guayaba pera, por ejemplo, no sirve para hacer bocadillo; pues su calidad y contenido de pectina se lo impide. La guayaba nativa, por proceder de plantaciones silvestres es más pequeña y redonda, y aunque se consume en fresco, no resulta tan atractiva para los consumidores de la ciudad. Al lado están los industriales esperando el eslabón perdido, que combine las bondades de la una y la otra para poderla utilizar en la elaboración de jugos, néctares y pulpas para el consumo nacional y los mercados internacionales.

Pues bien, hace 12 años, Agrosavia se dedicó a explorar y evaluar la diversidad genética de la guayaba en sus bancos de germoplasma y finalmente encontró a Corpoica Carmín 0328 y Corpoica Rosa-C; la primera con sólidos solubles superiores a 13 grados brix y color de la pulpa entre rojo y rosado intenso, y la segunda con el mayor contenido de vitamina C (80 partes por millón) de las variedades nacionales, para que sean acogidas por la industria nacional de pulpas y concentrados.

Sus sólidos solubles son superiores a 10,5 grados brix con acidez entre 0,5 y 0,9%, de ácido cítrico para jugos, jaleas y bocadillos, entre otros productos alimenticios. Los agricultores también se verán beneficiados por la mayor productividad, en promedio de 24 a 28 toneladas por hectárea, en ciclos de 8 meses.

Sigue ahora el diseño de una estrategia rápida de difusión de las nuevas semillas para que los productores, todos en los valles, piedemontes y sabanas del Caribe puedan cultivar las guayabas con los sabores y aromas que da nuestra tierra.

Del lado institucional seguiremos explorando nuevas posibilidades con cultivares híbridos que permitan hacer plantaciones más densas y productivas para satisfacer la demanda de una generación joven de consumidores ávida de sabores y aromas… ¿Y por qué no de guayaba?.