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Sin duda alguna el campo fue el protagonista de 2020, pues en medio de la coyuntura mundial mostró su papel en la seguridad alimentaria y se hizo visible ante las personas de la ciudad que daban por sentado la facilidad de tener alimentos en los supermercados y en su mesa.

Su desarrollo fue tal, que pese a que el PIB del país para el tercer trimestre de 2020 se contrajo 9%, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), el PIB agropecuario presentó un crecimiento de 1,5% en esos tres meses del año, siendo el único sector que mostró resultados positivos.

Esas cifras demuestran el potencial del agro y lo ponen como ficha clave en la reactivación de la economía. Aún así, todavía quedan muchos retos por superar, como la informalidad.

Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), aseguró que mientras en el último trimestre del año pasado, la informalidad laboral en Colombia estuvo en 52%, la del campo llegó a 86%. Por lo que se hace necesario que se abra la discusión sobre las necesidades que trae consigo la contratación por horas, además de garantizar que todos los campesinos tengan acceso a una pensión. Hay que descentralizar los debates y mirar hacia las regiones para conocer de fondo cuáles son sus necesidades.

Poner un foco en el campo permitirá no solo desarrollarlo a nivel nacional, sino explotar su potencial para impulsar la vocación del país y ¿por qué no? convertirlo en una potencia agroexportadora, donde ya hay cifras alentadoras.

Según los datos del Dane y la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian), en noviembre de 2020 las ventas externas llegaron a US$2.527,4 millones, donde los productos con mayor participación fueron los combustibles y los de las industrias extractivas con 35,7%; seguidas por manufacturas con 26,0%, y los agropecuarios, alimentos y bebidas con 27,1%. ¡Es la hora de hacer las reformas necesarias!