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Detrás de la producción de etanol en Colombia, hay toda una cadena económica que aporta con gran fuerza a la agroindustria, en este caso, a través de la caña.

El problema es que hoy un litro de etanol de Estados Unidos cuesta entre US$1 y US$1,5, gracias a una industria que en 2017 recibió US$6.409 millones en subsidios, mientras que el colombiano está en US$2,2. La ventaja la han aprovechado los productores del país del norte para copar el mercado local: en 2017 vendían 67,9 millones de litros (ml), en 2018 fueron 177 ml, y para este año, según un reporte de Fedebiocombustibles, superó la línea de 260 ml, es decir 40% del consumo nacional, que se calcula en poco más de 650 ml.

Pero más participación del etanol internacional se traduce en una caída de la producción nacional, y por eso, al bajar la operación, las plantas tendrían que cerrar, ese es el riesgo de toda la gente que trabaja.

Actualmente, los cálculos del sector apuntan a que de los más de 286.000 puestos que genera la agroindustria de la caña, 20.000 son por el etanol entre indirectos y directos. Entonces es aquí es donde vendrían afectaciones para muchos trabajadores mientras no haya solución.

Adicional, un cierre de plantas no solo pone en riesgo a los puestos de trabajo generados, sino a las inversiones que ya hizo el sector por más de US$1.000 millones en siete plantas para la producción, cuatro en el Valle del Cauca, y de a una en Cauca, Risaralda y Meta, este último donde está uno de los proyectos más recientes para el combustible propiedad de Ecopetrol.

Ante este panorama, la acción más reciente del Gobierno fueron pagos de derechos compensatorios de 9,36% a las importaciones de etanol estadounidense, pero esto fue temporal y hoy esa carga ya no existe.
Entonces, la producción de etanol nacional está en vilo y a la espera de que el Gobierno actúe, pues los locales piden arancel de 20%.