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La primera vez que una mujer entró al servicio de extensión de la Federación Nacional de Cafeteros fue hace apenas un poco más de 30 años, en 1981, cuando las labores del campo, como todas las demás, eran solo un trabajo del hombre.

De los 540.000 cedulados que tiene la Federación hoy, cerca de 30% son mujeres. Incluso, en las elecciones cafeteras que se celebraron el año pasado, su participación pasó de 8% a 15% y en los comicios municipales de 16% a 24%. A ello se suma que hoy las mujeres también son propietarias y solo en el caso del café, se estima que 26% de las hectáreas sembradas del sector les pertenecen.

Pero no solo es café. A propósito de San Valentín, algo que siempre destacan quienes hacen parte de la floricultura, es que además de ser un sector que da sustento a 140.000 familias, que representan por lo menos 700.000 personas, la mayoría de su mano de obra proviene de mujeres. Solamente en la Sabana de Bogotá, donde se concentra más de la mitad de la producción de flores de exportación, su fuerza laboral representa 60%.

Entonces, si en el resto de las industrias se habla de los avances que ha tenido el país en equidad de genero, no solo en acceso al mercado laboral, sino también a la posibilidad de ascenso dentro del mismo, ¿por qué no ponemos al agro como gran ejemplo?

Según el reporte más reciente del Dane (de octubre a diciembre de 2018), de 22,8 millones de ocupados, 3,9 millones hicieron parte del grupo Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca. Esta cifra solo estuvo por debajo de Comercio, hoteles y restaurantes (5,9 millones) y Servicios comunales, sociales y personales (4,3 millones). En ese indicador el rol de la mujer, de seguro fue vital.

Aunque queda camino por recorrer, hay un campo de oportunidades, más aún, cuando la lucha por convertirnos en la gran despensa está más que vigente.