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Desde el año pasado, los productores de papa estaban viviendo una mala racha a causa (dicen ellos) de las importaciones del tubérculo.

Incluso, la Federación Colombiana de Productores de Papa (Fedepapa) interpuso una demanda antidumping y a pesar de que el Gobierno frenaría las importaciones de Alemania, Países Bajos y Bélgica, la situación poco ha mejorado.

El precio sigue siendo 25% menor al que ofrecen los agricultores locales, mientras que a los costos internos tienen que sumarle la intermediación, la variabilidad del clima junto con los costos de producción.

Según Fedepapa - habría dicho su vocero en algunos medios de comunicación- la subida del dólar en lugar de disminuir las importaciones; por el contrario, siguieron aumentando.

Además, los agricultores no tienen equipos y maquinaria especializados para la producción y el procesamiento de la papa.

A esto se le suma que los grandes compradores de papa prefieren algunos productos importados no solo por el valor sino porque tienen la mentalidad de que la crocancia del tubérculo no es la misma en Colombia que en el exterior.

Sin una voz de aliento, otro mal que los aqueja es el de los pequeños productores que no tienen acceso a créditos para poder invertir en sus cultivos.

Por otro lado, los importadores aseguran que una empresa multinacional en Colombia posee el grueso de la producción de papa precocida y quiere, por lo tanto, protegerse de las importaciones.

Apelar a la libre competencia es válido; sin embargo, los colombianos también podemos apelar a la protección del mercado.

Los empresarios pueden empezar a apostarle a los productos locales, lo mismo que los consumidores y buscar con el gremio salidas para lograr que los tubérculos tengan las características de esa papa ideal, mucho más crocante.