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En la entrevista al exministro de hacienda colombiano Rudolf Hommes, Mario Chaves Restrepo tituló: “No es posible desarrollar el campo solo con pequeños productores” en la que, al usar la palabra “solo” admite que asociándolos, sí es posible. Así entra en perfecta armonía con nuestro título: “Con pequeños productores, sí se puede desarrollar el campo”.

Una iniciativa rural de Swisscontact Ecuador respaldada por la CAF, a la que denominaron “Fincas-Escuela”, que tuve el privilegio de dirigir, se convirtió en prueba fehaciente de que “con pequeños agricultores sí se puede”.

Los ejemplos son muy elocuentes. Para ilustrar la idea, les cito el más relevante, por tratarse de los agricultores de menos recursos: Sin cambiar la semilla, en el mismo suelo, los productores de pepinillo para la firma exportadora de alimentos vinculada a este cluster, que rendían 5.000 Kg/ha/cosecha, pasaron a rendir 38.000 Kg/ha/cosecha; tenían un punto de equilibrio en precios (costo en finca) de US$0,46/Kg y pasaron a US$0,11/Kg (la cuarta parte); de solo una o dos cosechas año, ahora obtienen cuatro cosechas año. Eso cambió totalmente la competitividad de toda la cadena, desde productor hasta agroexportador, favoreciendo equitativamente a todos y contribuyendo a dinamizar la economía y el comercio de las zonas de influencia.

Beneficios de esta naturaleza se obtuvieron con otras especies tales como: fresa, alcachofa, choclito, palmito, ají tabasco, maíz, maní, fríjol, entre otros. Tanto en Ecuador sierra y costa como en otros países, Chile (Fondo de Innovación para la Competitividad del gobierno chileno y la Universidad de Tarapacá FIC/UTA) región Arica-Parinacota; Perú, departamento de Apurimac (transferencia de conocimientos para programas de desarrollo).

Los impactos ambientales positivos son muy relevantes si se tiene en cuenta que, en el ejemplo anterior, para obtener 100 toneladas de pepinillo (pickles) se empleaban 20 hectáreas y pasaron a cosecharlas en 3 ha. Eso significa mucho, tanto en términos de tierra como de recursos hídricos y en reducción de la carga química. Aprendieron a producir y a utilizar sus propios insumos (Compost, humus, bioles, caldos minerales) gracias a un programa que se sustenta en una asociatividad auténtica, libre de política u otras formas de contaminación. Esto pone de relieve su verdadera función: “integrarse pequeños y medianos emprendedores para sumar esfuerzos y compartir ideales con el fin de dar respuestas y soluciones colectivas a necesidades y problemas que les son comunes”.

Lo apreciamos de los kibutz mientras asistíamos, en Haifa, al curso de “tomate en ambiente protegido y controlado”. Los kibutz son explotaciones agrarias israelíes fundamentadas en el trabajo y la propiedad comunes y gestionadas de manera colectiva. No son las únicas comunidades concebidas para optimizar sinergias en el trabajo del campo. Los que se han propuesto lograrlo en otros países han tenido resultados exitosos y han podido desarrollar, articular o agregar otros componentes de naturaleza rural, entre ellos, el Turismo Rural Comunitario.

Los pequeños productores, solos, no pueden desarrollar el campo. Es indispensable la asociatividad auténtica, organizada, con buen nivel de conocimiento que involucre identificación, adopción y adaptación de las innovaciones.