Durante el siglo XIX, las epidemias de enfermedades animales (algunas afectaban a los humanos), la calidad de la carne y de la leche que se consumía, señalaban la necesidad de contar con profesionales idóneos que tuvieran respuestas ante esos retos sanitarios.

El ambiente social, científico y político, las tertulias como escenarios de discusión y actualización; el papel de los científicos y las sociedades y los primeros diarios agrícolas, donde se comenzaba a visualizar el sector agropecuario, constituían un interesante escenario para el inicio de la medicina veterinaria en Colombia, aspectos poco conocidos, que quiero comentar a propósito del libro: Colombia y la medicina veterinaria contada por sus protagonistas, publicado por la Universidad de la Salle (Ediciones Unisalle).

Con la aparición de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), se aceleró el inicio de la veterinaria en el país. En 1884, el Gobierno encargó a José Jerónimo Triana, embajador en Francia, para seleccionar un veterinario, investigador; Claude Vericel, graduado en la escuela francesa de Lyon, estaba familiarizado con la microbiología el laboratorio clínico, las técnicas ganaderas y la salud pública.

Asumió el reto de iniciar la escuela en Bogotá, dando luz a la veterinaria científica, generando un pensamiento certero en los alumnos que recibieron el título de profesor en Veterinaria.

Los logros y tendencias de los pioneros, marcaron el derrotero de la profesión en Colombia: correspondió a Vericel introducir la bacteriología al país y a su discípulo Federico Lleras Acosta, asentarla sobre bases firmes y acreditarla definitivamente como rama de la medicina, la higiene de alimentos y la inspección de carnes a Ismael Gómez Herrán, la innovación en producción de vacunas para la prevención de la viruela humana, a Jorge Lleras Parra, quien durante su vida profesional dirigió la producción de dicho biológico empleado en Colombia y en otros países de la región. La nueva etapa recibió el apoyo del Instituto de Higiene Samper Martínez; la producción de vacunas para las enfermedades animales fue una prioridad, la epidemia de fiebre aftosa constituyó un importante reto epidemiológico que transformó los servicios sanitarios y los centros de diagnóstico.

La gestión y la formulación de políticas en el sector agropecuario, la investigación microbiológica y la producción industrial de vacunas para la prevención de enfermedades en humanos y animales, el quehacer investigativo como base para la docencia, la investigación y el inicio de las aventuras pos graduales matizaron la dinámica profesional.

Los retos del siglo XXI, tienen que ver con un punto de encuentro interdisciplinar en que los sectores: salud agricultura y ambiente, analicen en conjunto los retos y desafíos sanitarios relacionados con la aparición de enfermedades desconocidas que afectan a los animales, pero también a los humanos (en el mundo aparecen cada año), las zoonosis olvidadas: como Chagas, leishmaniosis, leptospirosis, teniasis y cisticercosis, en las que humanos y animales se ven afectados. El paradigma de Una Salud, es el punto de encuentro interdisciplinar, para pensar en los problemas sentidos desde la perspectiva sanitaria.

La escuela veterinaria colombiana del siglo XXI, le apostará también a los comunitarios y sociales, a través de Una Salud, que implica acciones y proyecciones hacia el sector agropecuario colombiano.