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Continuando con la reivindicación hacia los pequeños productores agropecuarios, resulta necesario y oportuno reconocer la inmensa deuda social que hemos mantenido por mucho tiempo, con el campesinado colombiano, que desde su pequeño rincón productivo; en silencio y con resignación, labora todos los días la tierra para nosotros.

Hemos aprendido en esta coyuntura de la emergencia económica, social y sanitaria generada por la expansión del Covid-19, a verlos convertidos en héroes de carne y hueso, que arriesgan su integridad por garantizar el aprovisionamiento de víveres de la canasta alimenticia básica en todas las regiones del país. Son muchos los riesgos a los que se exponen los pequeños productores, en especial por el contacto directo con foráneos para la comercialización de sus productos, el escaso acceso a los elementos de protección y bioseguridad, la mínima capacidad para el frecuente lavado de manos en la labor agropecuaria y las precarias condiciones de los centros de atención médica rurales.

Debemos promover y patrocinar todas las acciones necesarias para proteger a nuestros campesinos, y que de esta manera les permitan seguir en su ardua labor de cultivar los alimentos, bajo unas condiciones mínimas de seguridad y contención, que garanticen el ejercicio de sus nobles y exigentes actividades agropecuarias. No solo estaremos apoyando al campesino, sino a sus familias y vecinos.

Es un momento indicado para que los gobernantes regionales y locales, ejerzan todas sus capacidades de gestión, formulando y ejecutando proyectos que generen valor agregado al campo. Proyectos de corto plazo, encaminados a fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional de los pequeños productores agropecuarios, que también ven afectadas sus capacidades de satisfacer la demanda de productos de primera necesidad.

Proyectos productivos, que les permitan generar rápidamente nuevos ingresos, ofreciendo sus cosechas y/o producciones optimizadas, acogiendo las directrices de aislamiento social que vienen rigiendo.

Ya sentimos en esta crisis la importancia de las iniciativas privadas y particulares que algunos tuvieron con nuestros campesinos al ofrecer comprar sus productos al inicio de las medidas del Gobierno para mitigar los efectos de la emergencia. Ese es el contagio al que nos queremos unir con todos nuestros compatriotas, que sientan la importancia del sector rural en momentos difíciles y sin embargo ellos ahí, firmes siempre.

Bajo estas circunstancias, este es un momento histórico para promover un contagio masivo por el campo y sus pequeños productores, pues estamos frente a una oportunidad inmejorable para reivindicarnos, haciendo uso de todas las herramientas posibles, no solo para garantizar su salud, sino su seguridad alimentaria y la generación de nuevos ingresos que alivien sus economías y les permitan continuar laborando por aportarnos esos productos que día a día disfrutamos.

Este contagio por el campo y sus nobles tareas, debe ser masivo y contundente, en el que todos aportemos y reconozcamos la importancia de estos héroes de poncho, ruana, botas, abarcas y azadón.