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En los cultivos de café colombianos encontramos a más de 500 mil familias que, gracias a su arduo trabajo, se han convertido en pequeñas y medianas empresas que venden su cosecha para el consumo nacional y mundial, dinamizando de esta manera la economía del país e impulsando el sector.

Sin duda, debemos promover condiciones favorables para los caficultores con el fin de que no se vean afectados por factores como la ausencia de mano de obra tecnificada, la migración a las ciudades, los fenómenos climáticos, o la volatilidad en el precio del café ocurrida en 2018, que impactan en gran medida la cosecha y, por ende, el bolsillo y las condiciones sociales de
los agricultores de Colombia.

Surge la inquietud, ¿qué podemos hacer frente a esa situación? algunas empresas ya han asumido el compromiso con los productores y llevan a cabo diversos programas que están ayudando a mejorar la calidad de los cultivos y por ende lograr un mejor precio a la hora de comercializar el producto. Ejemplo de ello, es Progeny Coffee que desarrolla una iniciativa en el cual cada compañía tecnológica en EE.UU adopta a un caficultor colombiano, apoyándolos en la compra de sus cultivos y a su vez degustan del mejor sabor y aroma que se cosecha en estas tierras.

Por otro lado, desde la Federación Nacional de Cafeteros, se desarrolla el proyecto “Modelo de Paz, Estable y Duradera” que fomenta el cultivo de café como alternativa de desarrollo económico, social y ambiental en el que participan alrededor de 2.000 excombatientes. Esto como parte de las iniciativas del proceso de paz que buscan que las comunidades cambien los
cultivos ilícitos por opciones lícitas.

Por este motivo se deben buscar alianzas estratégicas que logren mayor cobertura y así beneficiar a la mayor cantidad de productores para competir con países como Brasil que es el mayor productor de café tipo exportación y por tanto, nuestra gran apuesta debe ser el apoyo a estos emprendedores del campo, que son parte del crecimiento económico y que, a su vez, nos
ayudan a modernizar y potenciar el sector y a fortalecer la transferencia de conocimiento para estimular a la generación futura de empresarios cafeteros.

Asimismo el trabajo conjunto que realicemos gobierno, empresa privada, academia y comunidad, debe ser con el objetivo de garantizar que estos productores tengan acceso acréditos que les permitan financiar sus proyectos y hacerlos sostenibles en el tiempo. A la vez, que puedan hacer parte de programas de educación y tecnificación, que garanticen una
verdadera transformación empresarial en el campo.

En conclusión, el compromiso está en seguir promoviendo a estos emprendedores, creer en sus proyectos, formarlos y darles las herramientas que les permitan incrementar y tener el mayor rendimiento de sus cultivos, todo esto a través de la innovación, impacto social y el desarrollo sustentable para toda la cadena de valor con el propósito de minimizar las brechas
entre los pequeños y grandes productores y, sobre todo, mejorar la competitividad de un sector fundamental para el desarrollo del país.