Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

La seguridad alimentaria de nuestro país está en riesgo. Tan solo 3,2% de los productores agropecuarios en Colombia son jóvenes entre 15 y 29 años, frente al 39% que se ubica en edades entre 50 y 64 años, de acuerdo con cifras del Dane. A esta situación se suma que aproximadamente 3% de la población joven rural en el país es analfabeta, 24,5% no estudia ni trabaja y 12% migra a la zona urbana por razones laborales y educativas. Teniendo en cuenta las proyecciones de población hacia 2050, se espera que su proporción disminuya a cerca de 20%, según el ‘Diagnóstico de la juventud rural en Colombia’ del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural.

El relevo generacional es fundamental e imprescindible para garantizar la producción de alimentos que necesita el país para su población y, cifras como las anteriores, dejan claro que tenemos retos que se tienen que resolver para el bienestar futuro de todos, pues la tierra que se ha cultivado durante décadas, está en riesgo de quedar huérfana ante la ausencia de nuevas generaciones de agricultores que se interesen por el campo y lo vean como una opción de vida rentable.

En el mes de agosto celebramos precisamente el Día Internacional de la Juventud, el cual busca promover el papel de esta población como parte esencial y estratégica en los procesos de cambio y generar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que se enfrentan los jóvenes. Debemos centrar también la atención en los retos que ellos tienen a nivel rural. Estimaciones de las Naciones Unidas identifican que en los próximos 15 años se deberían crear 600 millones de puestos de trabajo para satisfacer las necesidades de empleo juvenil y, en este sentido, la agricultura tiene la posibilidad de convertirse en un actor preponderante de la economía, pero solo los jóvenes, a través del relevo generacional, la tecnificación del campo y la sostenibilidad de los procesos, son quienes podrán hacer esto posible.

La producción agrícola es una actividad rentable que contribuye con la generación de recursos y repercute de manera positiva en el crecimiento social y económico de Colombia. De ahí la importancia de que se promueva el relevo generacional en el sector agropecuario y el emprendimiento de los más jóvenes, con el fin de incentivar el desarrollo del campo, como motor de empleo y estabilidad. En este camino, tanto gobierno, como empresas, asociaciones de productores e industria de alimentos, debemos generar sinergias para que los jóvenes encuentren en el agro una opción y proyecto de vida.

Desde Yara, por ejemplo, hemos venido trabajando en soluciones que guíen a los agricultores con información relevante sobre clima, uso adecuado de suelos, cuidado del agua y utilización de fertilizantes como solución nutricional. Creemos que es importante que continuemos en esta línea, promoviendo la tecnificación del campo y generando herramientas que motiven a los jóvenes a seguir trabajando la tierra con capacitaciones en mejores prácticas y entrega de nuevas tecnologías que faciliten la precisión y la gestión de los factores que les permitan optimizar la productividad de sus cultivos y, por ende, el aumento de sus ingresos.

Que esta efeméride en torno a la juventud nos sirva para unir esfuerzos y enfatizar en las oportunidades que el campo y la agricultura pueden brindar tanto a los jóvenes, como a la economía del país. A través de construcciones público-privadas debemos darle a las voces rurales la relevancia que merecen. Nadie más que ellos conoce lo que necesitan y pueden contribuir con la generación de ideas y soluciones que permitan que cada vez más actores nos unamos en torno a esfuerzos que apoyen el relevo generacional, la formalización empresarial y laboral, la equidad de género, el aumento de la calidad de vida de la población rural y, por ende, la seguridad alimentaria del país.