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Las manos del campesino que recoge las cosechas han sido el símbolo del campo colombiano y latinoamericano durante muchos años. Esa imagen está acompañada por la creencia de que el esfuerzo del trabajo agrícola está directamente relacionado con su labor manual. 

Sin embargo, es hora de cambiar esa visión del sector agropecuario, para que los pequeños productores rurales puedan hacer que sus actividades vayan más allá de la subsistencia y se conviertan en negocios prósperos. 

En la medida en que un buen número de grandes productores se enfoquen en las exportaciones, los pequeños productores encuentran en Colombia un espacio para comercializar sus productos. Para lograrlo, es necesario que cuenten con las herramientas que les permita responder a las crecientes demandas del mercado local. 

Por ende, especialmente en el caso de la agricultura familiar, hay una gran oportunidad para impulsar el desarrollo rural en el país mediante la mecanización, es decir, la incursión de máquinas en el día a día de las familias dedicadas al agro. 

Los países latinoamericanos como Colombia tienen el reto de romper las barreras que han impedido que la mecanización sea una opción rentable para las familias agricultoras. Una de las mayores barreras ha sido en cuanto a la percepción de costos, pues todavía se considera que la mecanización implica grandes inversiones en tractores y otra maquinaria agrícola, cuando países como Brasil han desarrollado máquinas y equipos asequibles que se adaptan a la geografía particular del continente. Otra barrera ha sido la concepción de que la mecanización conllevará la disminución de oportunidades laborales, especialmente para los jóvenes, cuando la realidad es que hay una tendencia de migración de los jóvenes hacia los cascos urbanos debido, en parte, a la dificultad de que la producción manual de subsistencia familiar se vuelva un camino hacia el mejoramiento de sus condiciones de vida. 

La producción manual de subsistencia familiar requiere una dedicación casi exclusiva por parte de los jóvenes. Por ende, ellos pueden considerar que mantener este esquema económico puede ir en contravía de cumplir con sueños como el estudio en la universidad de su preferencia en el país. 

En cambio, mediante la mecanización los jóvenes pueden ser educados y volver al campo para aplicar sus conocimientos, con el fin de que la producción agropecuaria de su familia se tecnifique aún más y pueda participar en economías de escala. 

Colombia ya ha realizado algunos avances hacia la mecanización de la agricultura familiar. Entre otras medidas, el país ha trabajado de la mano de socios comerciales como Brasil para que más pequeños productores rurales puedan acceder a tecnología agropecuaria. Las familias agricultoras han optado especialmente por maquinaria y vehículos agrícolas para desarrollar sus proyectos productivos. Igualmente en espacios como Agroexpo 2017, el Gobierno, los sectores social y privado se han encontrado para analizar la forma de tecnificar la agricultura familiar. Un referente en este proceso podría ser Brasil, que a través de la innovación de tecnología aplicada se transformó en un gran exportador líquido de alimentos.

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