En la temporada invernal que recae con especial fuerza en regiones como la Andina y la Pacífica donde se ubican gran parte de los principales cultivos de exportación de Colombia como flores, café o banano, entre otros, la preocupación por los efectos de las lluvias en estas zonas es aún mayor.

Por ello, las zanjas de infiltración son uno de los métodos útiles como medida para afrontar la sobresaturación de agua del suelo y el arrastre que tiene el exceso de precipitaciones.

Además, ayuda a recuperar la fertilidad de los terrenos, ya que “es una estrategia básica y uno de los primeros pasos que deben tomarse en áreas que han sido muy usadas con fines cultivables y que no han tenido una correcta recuperación, lo que puede perjudicar su sostenibilidad a largo plazo”, explicó Armando García, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional.

Por su parte, Santiago Sáenz, docente de la facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de La Salle, destacó que “las zanjas mitigan o reducen el efecto erosivo del agua lluvia sobre el suelo debido a que se constituyen en una ‘trampa’ para el agua, evitando que siga arrasando partículas de suelo hacia abajo, por el efecto de la gravedad, aumentado por la pendiente del terreno”.

A su vez, en esta época de cuidado, sobre todo al interior del país, es clave considerar su eficiencia pues evitan el efecto de arrastre mecánico del agua lluvia que puede afectar cultivos en crecimiento, evitan la sobresaturación de agua del suelo que puede causar asfixia de raíces y por consiguiente, la mortalidad de las plantas del cultivo y ayudan a mantener la humedad del suelo por más tiempo en épocas de sequía, explicó el docente de La Salle.

Por otro lado, en zonas como el Caribe o la Orinoquía donde las precipitaciones suelen ser menores, las zanjas de infiltración permiten acumular aguas lluvias, con el fin de propiciar un mayor porcentaje de estas al suelo y que se promueven establecer en estas regiones.

Para su correcto funcionamiento, “se deben plantar especies herbáceas perennes o plantas arbustivas que eviten el desmoronamiento del terreno hacia la parte interior de la excavación. También es recomendable plantar árboles nativos o de uso forestal para aprovechar todos los beneficios del recurso hídrico que pasa por la zanja”, apuntó García.

Otro de los beneficios para implementar esta técnica en los cultivos es que no se necesitan mayores instrumentos y recursos que una medición precisa del área del terreno y herramientas como palas, picas y estacas para establecer los límites de la zanja.

“Más allá de su construcción, el mantenimiento es fundamental para asegurar un funcionamiento ideal de esta técnica y que cumpla su objetivo con el paso del tiempo. Hay que tener especial cuidado con la limpieza de la zanja tras fuertes períodos de precipitaciones”, expresó García.

Con este objetivo y límites bien definidos que eviten el paso de animales, se asegura la conservación de esta alternativa que tendrá un beneficio directo en la sostenibilidad y mantenimiento de los suelos.

Tienen diversos métodos de construcción en los cultivos
Las zanjas de infiltración como una técnica de recuperación de suelos ofrece diferentes alternativas para su construcción y mantenimiento. Pueden ser diseñadas de forma manual o mecanizada y ubicarse en la parte superior o media de una ladera para capturar y almacenar la escorrentía proveniente de las partes superiores.

Ayuda en el propósito de mitigar la erosión y degradación del suelo pero no controla totalmente este fenómeno. Para potenciar su impacto es recomendable reforestar con pastos los espacios intermedios entre zanjas y considerar otras prácticas conservacionistas como la aradura, el subsolado y la siembra en contorno. Las zanjas hacen parte de técnicas hidrológico-forestales que también incluyen otros métodos como los diques de polines.