Comentarios Claudia Calero Cifuentes

Fallando en lo básico

15 de abril de 2026
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Hoy en Colombia hablamos de desarrollo rural en clave de grandes políticas, pero dejamos de lado lo esencial, lo obvio y lo urgente. En medio de esas discusiones, hay temas básicos que no han recibido la atención que merecen. La educación rural es uno de ellos. En muchas escuelas rurales, los niños no tienen acceso a un baño digno y es algo que Colombia debió haber atendido hace rato.

Un niño que no tiene dónde ir al baño no va a aprender; va a estar incómodo todo el tiempo porque tiene una necesidad básica que no puede resolver. Según el Ministerio de Educación Nacional, 40% de las escuelas rurales colombianas no tiene acceso a agua potable, y sin agua, la batería sanitaria es puro adorno.

El impacto es mayor en las niñas. La Unesco ha documentado que muchas adolescentes faltan recurrentemente al colegio durante su menstruación, porque no tienen condiciones higiénicas adecuadas. Esa ausencia repetida mes a mes se vuelve acumulativa y es por esto que, a muchas, la inasistencia termina sacándolas de las aulas. Ahora no lo vamos a interpretar como si fuera un tema cultural, porque es una clara muestra de ausencia de condiciones básicas.

Veamos algunas cifras. En Colombia, la tasa de deserción en zonas rurales es de 5,4%, casi el doble que en las ciudades, donde llega a 3,6%. Asimismo, 23,7% de la población en edad escolar que vive en zonas rurales no asiste a ninguna institución educativa, frente a 17,9% en zonas urbanas. No es coincidencia que la brecha exista donde también falla lo esencial, es decir, lo básico.

En Colombia, solo cinco de cada 10 escuelas rurales tienen lavamanos en condiciones adecuadas. Baños en mal estado, sin privacidad o lejos de las aulas aumentan la vulnerabilidad de los estudiantes, especialmente de las niñas. No es solo higiene, es seguridad, y debería ser suficiente para actuar.

Invertir en estas acciones no es accesorio ni tampoco filantropía. Es una inversión directa en el futuro del campo; también es productividad y desarrollo. Un país que no garantiza condiciones mínimas en sus escuelas rurales no está pensando en que esos niños, niñas y adolescentes son quienes, en unos años, deberían encontrar oportunidades en la ruralidad para no tener que migrar a las ciudades. Son ellos quienes sostendrán la seguridad social, aportarán a las pensiones y sacarán adelante este país.

Y todavía nos preguntamos por qué el campo no progresa…

Sin duda, debemos seguir hablando de competitividad, sostenibilidad y transformación rural, pero si no atendemos lo básico, no estamos en nada.

Las gobernaciones y los alcaldes tienen la competencia. Pero no siempre tienen los recursos ni la presión suficiente de la sociedad para que esto avance. Aquí el rol del sector privado puede ser trascendental. Las empresas con presencia en el campo, que dependen de él, que se benefician, podrían articular alianzas concretas con las administraciones locales para resolver lo que el Estado no ha sido capaz.

No se necesitan grandes programas, lo que se requiere son decisiones. Una alianza entre una fundación empresarial y una alcaldía, entre un sector productivo y una gobernación, puede dotar de baterías sanitarias dignas a decenas de escuelas rurales en poco tiempo. El mecanismo de obras por impuestos también podría hacerlo posible.

Verdaderamente hay muchas cosas urgentes, pero ésta, además de urgente, sigue siendo ignorada. Garantizar baños dignos en las escuelas rurales no se puede ver solo como un gesto social; es una inversión en el territorio que nos favorece a todos, porque aporta futuro y genera seguridad.

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