Muchos productores ven el caucho natural (Hevea brasiliensis) como un cultivo de "minería": van todos los días, extraen el látex y luego solo se quejan. Se quejan de su rentabilidad, de lo poco que le paga la agroindustria e industria o del mal negocio que el supone que es. Existe la falsa creencia de que, por ser un árbol robusto, el caucho natural puede con todo. Sin embargo, un árbol con hambre, enfermo y con competencia de malezas no es una unidad productiva; es simplemente un árbol sobreviviendo.
A esto le sumamos todo el lastre biológico que ha sufrido este árbol en algunas regiones en cuanto a que su etapa de vivero no fue la mejor y llevaron a campo cualquier planta viva sin hacer descartes y el manejo de suelos no fue el mejor tal vez por que lo asesoraron “expertos” nacionales o internacionales que no contaban con la experiencia en el manejo de suelos tan diversos en nuestro país. Nos acompañaron “expertos” internacionales donde solo tienen suelos orgánicos y planos y los trajeron a enfrentarse a suelos ácidos, arenosos, arcillosos entre muchos otros aspectos y su recomendación general fue que el caucho natural no necesitaba ser fertilizado.
He tenido la fortuna de compartir, desde hace más de 27 años, experimentos en campo con verdaderos expertos en manejo de suelos y fisiología vegetal por parte de Corpoica en su momento hoy Agrosavia y el CIAT en varias regiones del país; Madhusudana Idupulapati Rao, George Milles, Carlos Lazcano, Raúl Pérez, Alvaro Rincón, Samuel Caicedo, Isaac Soto, Néstor Ramos, Judith Martínez, Óscar Córdoba, Alfonso Martínez, Julio Jairo Becerra, Javier Orduz, entre muchos otros los cuales a través de ensayos en campo reales y no teóricos, mostraron el norte de lo que debería ser el manejo de suelos no solo para pastos, forrajes, palma sino también para cultivos tropicales permanentes.
Rentabilidad vs. Eficiencia
La rentabilidad no es un regalo del mercado, es el resultado de la eficiencia y la disciplina en el campo. El caucho natural es un negocio generoso, pero tiene memoria: Una planta elaborada en malas condiciones en vivero ya ocasiona limitaciones del 40 ó 45% de su plantación en el futuro; una mala preparación de suelos influye en un 40% en la productividad de las especies arbóreas como el caucho natural; no fertilizarlos por más de 3 años en suelos frágiles y con poca disponibilidad de nutrientes hace que la fisiología del árbol se debilite y priorice sobrevivir y no producir. Tata trata bien a tu plantación ayer y hoy, y ella te pagará las cuentas mañana. Es hora de pasar de la cultura de la queja a la cultura de la inversión estratégica.
Las comparaciones son odiosas dice la frase, pero en otros sistemas productivos se tiene claro cual es el umbral productivo mínimo para que su cultivo sea rentable por hectárea, lastimosamente en caucho natural el productor no hace ese tipo de cálculo pues sabe que buena parte de su baja productividad es su propia responsabilidad.
En el sector agropecuario colombiano, existen "números sagrados". Cualquier caficultor sabe que, si no saca al menos 15 o 20 cargas de café pergamino por hectárea, está trabajando para ver el sol. El palmicultor tiene tatuada la cifra de 20 a 25 toneladas de fruto fresco, y el ganadero de ceba sabe que, si su novillo no gana 850 gramos diarios, está perdiendo plata en cada amanecer. Todos tienen en común que para lograr y superar esta meta deben invertir en mejores pastos, fertilización, control fitosanitario, personal, transporte entre otros. ¿Por qué en el caucho natural nuestros productores no tienen ese número en la cabeza? Esta falta de un "norte productivo" es el cáncer de la rentabilidad en el sector. Mientras el palmicultor fertiliza, paga su asistencia técnica mensual gremial, porque sabe que cada kilo de abono se traduce en toneladas de aceite, el cauchero ve la fertilización como un "gasto opcional y poco funcional” porque estos “expertos” internacionales lo dijeron hace muchos años.
Un negocio, pero con metas claras
Para que el caucho natural sea un negocio y no un pasatiempo costoso, debemos establecer nuestras propias metas mínimas de productividad, cumplir con las metas de rayado de acuerdo con la frecuencia, hacer análisis de suelo periódicos, ser estrictos en la toma de datos y control de las operaciones porque si no alcanzamos estos estándares, no es que el negocio sea malo, es que la gestión es deficiente.
El 90 % de nuestros caucheros en el país recibieron recursos del Certificado de Incentivo Forestal, también han recibido recursos de la certificación de bonos de carbono, se han beneficiado en capacitaciones y equipamientos, pero aun así les parece que no es suficiente para que su negocio sea “rentable” y continúan hablando mal de este sistema productivo que en muchos otros caucheros ya es una realidad su rentabilidad y sostenibilidad aun en precios medianamente bajos.
El problema es que muchos productores están estancados en los 800 o 1.200 kg/ha/año de caucho seco, o con DRC menores a 60%. En ese nivel, el caucho natural apenas da para sobrevivir. El productor se queja del precio internacional o del precio de la planta agroindustrial (que no puede controlar), pero ignora su productividad (que es lo único que SÍ puede controlar).
Si un ganadero ve que sus vacas pierden peso, corre a buscar mejor pasto o suplementos. Si un cauchero ve que su producción baja o no es rentable suele culpar al gremio, al clima o al gobierno, pero rara vez se pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que le di de comer a mis árboles? ¿Cuándo fue la última vez que tomé datos del manejo diario de la plantación y cumplo metas?
Es hora de decidir qué papel queremos jugar en el campo: el del recolector que se resigna a lo que la naturaleza le quiera regalar, o el del empresario que dicta su propio destino. El caucho natural no es una lotería ni un subsidio del gobierno o del gremio; es una industria biológica que solo devuelve lo que se le invierte como todo sistema productivo. Si usted no fertiliza, no limpia y no mide, no tiene un negocio, tiene un bosque en decadencia. Deje de mirar el precio en la bolsa de Singapur y empiece a mirar con otros ojos sus árboles y no desde la comodidad de un club; ahí, y solo ahí, es donde se pierde o se gana la verdadera rentabilidad.
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