Comentarios Marcela Urueña Gómez

Heredar la tierra, preservar la empresa

14 de octubre de 2026
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Una finca guarda la historia de una familia: los años de trabajo de los abuelos, las decisiones difíciles de los padres y los sueños de los hijos y nietos que los sucederán. Pero ese vínculo afectivo no resuelve, por sí solo, las preguntas que aparecen cuando llega el momento de entregar el relevo. ¿Quién seguirá al frente? ¿Cómo se repartirán los ingresos? ¿Qué ocurrirá si alguno de los hijos quiere vender y otro quiere continuar?

En las empresas familiares agrícolas, estas conversaciones suelen aplazarse. Hablar de sucesión puede sentirse como anticipar una ausencia; discutir sobre dinero puede parecer falta de amor familiar. Mientras tanto, el futuro del negocio queda sujeto a acuerdos implícitos que cada integrante puede interpretar de manera distinta.

Por eso, el gobierno corporativo merece un lugar en la mesa familiar. Su utilidad empieza con algo sencillo: acordar quién decide, quién administra, cómo se rinden cuentas y qué reglas orientan la relación entre la familia y la empresa. Son conversaciones necesarias incluso cuando hay confianza, precisamente para cuidarla.

También debemos distinguir entre heredar la propiedad, asumir la dirección del negocio y dividir físicamente la tierra. Son decisiones diferentes. Un reparto que parece equitativo puede terminar separando áreas, infraestructura o recursos que funcionaban de manera conjunta, y dificultar la continuidad productiva. Esto no significa que toda finca pequeña sea inviable. Significa que la distribución del patrimonio debe considerar cómo seguirá funcionando la actividad que lo sostiene.

La justicia entre herederos merece pensarse junto con la viabilidad de la empresa. Conviene explorar, con acompañamiento especializado, acuerdos que reconozcan los derechos y necesidades de cada integrante y permitan conservar una operación sostenible. Prepararlos con tiempo ofrece más espacio para escuchar, evaluar alternativas y evitar decisiones tomadas en medio del duelo o del conflicto.

El relevo generacional requiere, además, reconocer que los hijos tienen proyectos propios. Continuar en el campo debe ser una opción con oportunidades de aprendizaje, responsabilidades claras y participación real en las decisiones. Pedirles compromiso mientras se les cierra el espacio para proponer cambios puede alejar a las nuevas generaciones.

En Procaña hemos visto que este tipo de dificultades afectan las familias de nuestros afiliados, por eso estamos incluyendo el tema dentro del direccionamiento estratégico del gremio. Queremos acompañar a las familias en sus procesos de gobierno y relevo generacional, empoderar a los jóvenes para que participen en las decisiones y contribuir a la sostenibilidad del patrimonio familiar y de la actividad productora de caña de azúcar. Queremos que el esfuerzo de una generación encuentre en la siguiente las capacidades y los acuerdos para darle continuidad.

No podemos dejar estas decisiones para el día en que sean urgentes. Quienes han dedicado su vida a construir una empresa agrícola merecen participar en la conversación sobre su futuro. Y quienes la recibirán merecen llegar con acuerdos claros. El legado puede ser una tierra compartida, pero también la capacidad de seguir trabajando juntos.

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