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Según investigadores, las técnicas de conservación de los forrajes, les permiten a los ganaderos obtener una reserva de alimento para épocas prolongadas de verano o de invierno, cuando la oferta de forrajes (hierbas) escasea y es de mala calidad. Uno de los problemas más comunes y que precisamente pasó factura en el rendimiento pecuario del año pasado.

Por eso, un estudio de la Universidad Nacional de Colombia, explicó que esta estrategia y una correcta planeación alimenticia pueden ser la solución para pequeñas explotaciones lecheras, que se ven agobiados por los fenómenos climatológicos adversos que reducen su disponibilidad de alimento.

El desarrollo de la idea se plasmó en un macroproyecto en el corredor tecnológico de Bogotá y Cundinamarca, con el rótulo de “mejoramiento de la competitividad de pequeños y medianos productores de leche de las cooperativas del municipio de Guatavita”.

Así lo detalla la investigación de Camilo Tobón Ramírez, zootecnista y magíster en Producción Animal de la Unal, en la cual buscaba, entre otros objetivos, educar a los productores en nuevas tecnologías y transferir conocimiento, mediante un amplio equipo humano multidisciplinar para mejorar la producción de la zona.

Según la investigación, en épocas de sequía y de lluvia no existe una provisión suficiente de alimentos para los requerimientos animales, algo que se evidencia constantemente en las producciones del país, sobre todo en aquellas pequeñas explotaciones, debido a fenómenos climatológicos como El Niño o el cambio climático.

En su estudio el magíster trabajó con un cultivo de avena y su respectivo ensilaje (técnica de conservación de forraje basada en procesos químicos y biológicos que necesitan hidratos de carbono fermentables) y heno de kikuyo (Pennisetum clandestinum), forraje típico del trópico alto en Colombia, que puede ser producido desde las fincas.

Se procedió a determinar las características geográficas de la zona a trabajar para aprender sobre su dinámica climática y reconocer la necesidad de los diversos puntos geográficos, ya que la ubicación se presta para que se presenten microclimas específicos dentro del territorio que obligan a crear estrategias únicas para cada sector.

Se determinó entonces que con el silo de avena el costo de producción de litro de leche es cercano a $762, mientras que si el pequeño productor utiliza el silo de kikuyo, costaría $741.

Esto quiere decir que si el productor fabrica su propio forraje tendría un beneficio económico alrededor de $30 por litro de leche, que a largo plazo, y teniendo en cuenta la cantidad de leche producida diariamente, sería un ingreso considerable.

Técnica de conservación
Los forrajes conservados se refieren a un procedimiento mediante el cual estos se someten a un proceso de conservación para almacenarlos sin que pierdan sus propiedades nutricionales.

Los dos procedimientos más comunes para esta práctica son el henificado, que se realiza mediante la desecación (reducción de agua), y el ensilaje, en el cual se cosecha y se realiza una fermentación anaerobia del forraje la conservar la calidad del alimento.

“Estas técnicas son parte vital del proceso de transferencia de conocimiento a los productores, con el fin de que estos entiendan los beneficios de estas técnicas que permitirán alimentar a los animales en épocas de sequía, y de esta manera hacer sustentable la explotación y depender en menor cantidad del alimento externo a la finca, lo cual conlleva gastos económicos adicionales que pueden ahorrar si se trabaja inteligentemente en el suelo”, afirma el investigador.

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