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El primer año de sus perros o gatos, además de ser un periodo de aprendizaje, es uno de los de mayores cuidados. Por lo anterior, es clave tener constante atención del calendario de las vacunas, pues su sistema inmune aún se está desarrollando.

En el caso de los gatos, a los dos meses de vida es necesaria la vacuna trivalente frente a la panleucopenia, el calicivirus y la rinotraqueitis. Mientras que a los dos meses y medio el animal debe someterse a la de leucemia felina; y en sus 90 primeros días, la revacunación de la trivalente en segunda dosis. Finalmente, a los tres meses y medio debe haber una revaluación de la leucemia, también en su segunda dosis, y a los cuatro meses la más conocida, la vacuna contra la rabia.

Por el lado de los caninos, a los 45 días de vida deben recibir la primera dosis de la vacuna contra el parvovirus. Después, a las nueve semanas, deberían recibir la segunda vacuna contra moquillo, adenovirus tipo 2, hepatitis infecciosa canina y leptospirosis.

Cuando el cachorro haya cumplido sus primeros tres meses de vida, se repite una dosis de leptospirosis y la tercera de parvovirus. Y, por último, desde los cuatro meses, el sistema del canino ya está apto para ser vacunado contra la rabia.

El Estado garantiza la administración gratuita de la vacunación antirrábica canina, la cual es indispensable para el cumplimiento de la meta de eliminar la rabia humana, en línea con lo dispuesto por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en 1983.

El balance en Bogotá es positivo porque para el período de enero a mayo de 2022 el sector público ha vacunado contra la rabia a 130.217 perros. La estrategia de la ciudad incluye 36 puntos fijos de vacunación, sumado a la realización de jornadas extramurales en parques, salones comunales y servicio puerta a puerta, de acuerdo con las necesidades de la comunidad.

No obstante, fuera de este fármaco, existen otros medicamentos de este tipo que oscilan en el mercado entre $40.000 y $120.000 para prevenir males en sus mascotas, que son de obligatoria prevención.

Según Julieth Velásquez, médica veterinaria de la Universidad de Antioquia que es experta en fisioterapia y rehabilitación animal, entre los problemas de salud para combatir con estas vacunas se encuentran el distemper canino (moquillo) y el parvovirus; y entre los más desconocidos están la leptospirosis, la hepatitis viral y la traqueobronquitis infecciosa canina.

Desde su perspectiva, todas estas condiciones tienen un alto riesgo de ser contraídas por las mascotas, porque la vía de transmisión principal es la aerógena, lo que quiere decir que se traspasa por el aire o en superficies como los fómites, en donde las enfermedades virales tienen una alta posibilidad de ser contraídas.

A pesar de que, según su opinión, en las 24 horas siguientes a la aplicación de estos medicamentos en perros exista la posibilidad de contraer fiebre, dolores intensos, falta de apetito o reacciones alérgicas a la vacuna (anafilaxias), su efectividad resulta ser de 95%.

“Nunca un propietario o auxiliar de veterinario debe vacunar a un perro, porque eso es antiético, peligroso e ilegal, pues las únicas personas que pueden aplicar vacunas son los médicos certificados y avaladas por el Ministerio de Educación”, recomienda sobre la aplicación de este tipo de medicinas Michel Cardona, médico veterinario del programa de ciencia en la institución Gabrica.

Dentro del mercado de esta organización, de carácter comercial, las ventas de estos fármacos tan solo representan 3% de los artículos distribuidos por su portafolio, pero dentro de la industria resultan ser fundamentales para evitar la transmisión de enfermedades.

Según Cárdona, las únicas vacunas que se producen en Colombia son las de la rabia, y todas las demás son importadas de países como España, Argentina y Estados Unidos, con la autorización del Instituto Colombiano Agropecuario.

En palabras de Velásquez “el tema cultural en Colombia ha ido cambiando mucho porque anteriormente cuando se tenía una mascota no se prestaba mayor atención al tema de vacunación, al confiar la exposición de los perros a los diferentes agentes del ambiente y a la inmunidad compartida”.

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