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Las plantaciones de palma de aceite, al igual que otras actividades agrícolas, reducen la diversidad biológica del ecosistema donde se encuentran sembradas. Como consecuencia de esta homogenización del entorno surge una mayor vulnerabilidad ante las especies de insectos plaga defoliadores; es decir, aquellos que se encuentran en su fase de oruga y se alimentan de las partes más suaves de las hojas de la planta.

Desde la Corporación Centro de Investigación en Palma de Aceite (Cenipalma) se han desarrollado estudios sobre la biología y dinámica poblacional de estos defoliadores, que permitió identificar a los enemigos naturales nativos, parasitoides y depredadores que atacan a estas especies y las plantas nectaríferas que los insectos benéficos visitan.

El centro de investigación ha seleccionado las especies de plantas nectaríferas más importantes que alojan y proveen alimento a estos controladores biológicos nativos, ya que, entre los beneficios que brinda al entorno donde se encuentran las plantaciones, permite la proliferación de parasitoides y depredadores que regulan las poblaciones de insectos plaga.

El éxito de esta estrategia radica en la diversidad y permanencia de la vegetación que acompaña al cultivo en el agroecosistema, pues las áreas sembradas sin esta diversidad afectan a los artrópodos que regulan las poblaciones de los insectos plaga.

¿Cómo saber qué plantas nectaríferas son apropiadas para su cultivo?

Desde Cenipalma explican que el primer paso consiste en identificar las especies de plantas con flores o nectarios extraflorales ubicados en los bordes de lotes o linderos del cultivo que contiene la planta benéfica y recolectar semillas o cortar esquejes para crear reservorios de estas nectaríferas.

Para ello es necesario conocer los hábitos de crecimiento de estas plantas para poder propagarlas en torno al cultivo de palma de aceite. Después de que se adecúe el suelo mediante pases de rastra y se consolide un vivero, debe ser trasplantado y distribuirse al borde de los lotes de la plantación.

Debe tener en cuenta que durante el periodo seco la mayoría de estas plantas nectaríferas fructifican y mueren, por lo que es fundamental conservarlas mediante la poda antes de que finalice el periodo de lluvia.

También debe podar las plantas de manera intercalada, retirando ramas envejecidas y ramas largas que tienen hojas pequeñas. Según el centro investigativo, cada año debe escamondar plantas arbustivas como la Urena lobata, Urena trilobata, Triumfetta lappula, Senna reticulata, Senna sp., Hibiscus furcellatus, Senna tora, Senna occidentalis y Senna bacillaris.

Cortar las ramas delgadas de las plantas a un metro de altura es una práctica que también ayudará a que la nectarífera emita nueva área foliar durante el periodo seco y provea de alimento y refugio a los parasitoides durante la etapa crítica del año.

Los resultados de estas prácticas ya se han visto en algunas regiones del país, tal y como sucede en la subregión de Puerto Gaitán, donde alrededor de la Mesas de Sanidad con el apoyo del Grupo de Extensión de Cenipalma se han protegido cerca de 6.262 hectáreas, correspondiente a 46% del área sembrada, lo que disminuye el uso de insecticidas de síntesis química y genera ahorros económicos importantes a la conservación del agrosistema palmero.

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