Ante el crecimiento poblacional que aumenta cerca de 10 veces más respecto al área de cultivos tradicionales, la extensión de producciones transgénicas se convierte en una de las soluciones más eficaces para suplir la necesidad alimentaria a la vez que protege el medio ambiente mediante el ahorro de recursos naturales.

De este modo, en Colombia se han posicionado como los principales cultivos genéticamente modificados en los últimos años el maíz y el algodón, con más de 109.109 y 9.800 hectáreas sembradas respectivamente. En tercer lugar se ubican los claveles y flores azules distribuidos en 23 departamentos.

Sin embargo, la cifra es mínima si se compara con la totalidad del área sembrada en producciones trasgénicas a nivel global que ya alcanza cerca de 190 millones de hectáreas.

María Andrea Uscátegui, directora ejecutiva de Agro-Bio, destacó sobre sus beneficios en el medio ambiente que son cultivos más resistentes al ataque de plagas pues se hace un uso más racional de insecticidas. Esto implica que gracias a los cultivos transgénicos se ahorre agua, se reduzcan las emisiones de CO2 y el uso de diésel por la maquinaria empleada en las aplicaciones.

“Además de esos beneficios, y tal vez el más importante para el ambiente, es que permiten producir más en la misma área. Si pensamos en un mundo de 7.500 millones de habitantes y que va hacia los 9.000 millones en los próximos 30 años, estamos hablando de frenar el crecimiento de la frontera agrícola, lo que significa detener la deforestación y preservar la biodiversidad de hábitats naturales”, agregó Uscátegui.

Por su parte Armando García, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional, indicó que en Colombia si bien se empezó a hablar de transgénicos en 2000 con producciones de flores, “aún hay una extensión muy baja respecto a otras zonas de Latinoamérica donde se ha hecho más masivo con hortalizas y cereales como tomates, arroz o cebada, entre otros, y donde resaltan países como Brasil, Chile y México”.

Con maíz y algodón principalmente, “se logró entre 2003 y 2015 que los agricultores colombianos ahorraran 209 millones de litros de agua, el equivalente al consumo anual de 4.780 personas. Además, gracias a este tipo de cultivos, se redujeron cerca de 3,1 millones de litros de diésel en maquinaria agrícola, lo que equivale a sacar 1.300 vehículos de las calles de Bogotá por un año. Asimismo, se disminuyeron 8.200 toneladas de CO2 que equivalen a preservar 60.600 árboles”, precisó Uscátegui.

A pesar de estos efectos positivos, “es necesario que haya una mayor capacitación y diversificación de las producciones pues aún es muy incipiente. Medianos y pequeños agricultores desconocen sus beneficios”, añadió García.

Son producciones seguras para el consumo
Contrario a la información que suele extenderse en internet, los cultivos transgénicos han demostrado mediante diversos estudios científicos ser seguros para el consumo humano, animal y el ambiente de igual manera que las producciones convencionales. A su vez, ofrecen garantía en seguridad alimentaria ante el crecimiento poblacional.