El uso indiscriminado de mercurio en las fuentes de agua, los altos niveles de contaminación, la presión pesquera, la concentración de población en torno a su hábitat y el deterioro del mismo, están llevando a que el bagre rayado tenga los días contados, en especial a lo largo del río Magdalena.

Pese a que varios organismos públicos y privados han trabajado durante los últimos años para reducir el riesgo, la situación de la especie sigue en peligro y son pocos los que son positivos frente a una recuperación del pez, especie que solo se encuentra en Colombia y entró en la categoría de peligro crítico de extinción.

Subsidiar a los pescadores

Según la Universidad Nacional, una estrategia que también podría implementarse en el país, sería lo que se hace en España, Portugal, Francia y Canadá, países que dan un subsidio a los pescadores para que no capturen la especie. Esta sería una alternativa que reduce la presión pesquera y permite recuperar la población de peces amenazados, en este caso del bagre rayado. “Este problema también lo están teniendo otras especies como el bocachico. Entre todos debemos trabajar por recuperar toda nuestra riqueza marítima. Es un compromiso de Colombia”, concluye Sergio Gómez Flórez.

De acuerdo con la Universidad Nacional, debido a su escasez, el bagre rayado tiene un elevado valor comercial, lo que implica una alta demanda pesquera a lo largo de toda la cuenca del río Magdalena, donde habita 80% de la población colombiana, y es allí donde habita el pez.

Según Sergio Gómez Flórez, director de la Oficina de Generación del Conocimiento y la Información (Ogci), dependencia adscrita a la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca, la situación se agrava por la contaminación y degradación de las aguas en las que vive el bagre rayado, así como por la captura de ejemplares cada vez más pequeños que todavía no han entrado en su etapa reproductiva.

Crítica situación

La ecuación es dolorosamente real: menos peces significan menos apareamientos. De igual forma, la excesiva demanda impide que el bagre pueda realizar su migración anual de forma satisfactoria, en la época conocida como subienda.

“Hemos realizado jornadas de sensibilización con los pescadores, se han hecho controles puntuales desde Barrancabermeja pasando por Magangué y otras poblaciones. También vigilamos que en la época de veda, que es entre mayo y junio, haya un control en la pesca. Este es un pez de fondo y su hábitat está muy deteriorado por muchos factores”, aseguró Gómez Flórez.

Pese a este panorama tan desalentador, el investigador asegura que se está trabajando para permitir que su ciclo natural de migración se haga con naturalidad. Es decir que su reproducción y desove se cumpla durante dos temporadas seguidas. Se calcula que una hembra pone cerca de 800.000 huevos y aunque la mayor parte no se desarrolla por diversos factores naturales, con una porción que prospere se podría repoblar el Magdalena.