Chile no es un emisor relevante de gases efecto invernadero a nivel mundial, pero sí ratificó el Acuerdo de París, comprometiéndose a desarrollar políticas para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de la ONU. Además, algunas de sus exportaciones como pescados y carnes van a requerir muy probablemente sellos ambientales de alto nivel de sofisticación en el futuro. Así se desprende del último índice Coller Fairr (Farm Animal Investment Risk and Return), que destaca a las multinacionales de la carne y el pescado como las responsables de poner en peligro los objetivos climáticos de París.

De acuerdo al informe, tres de cada cuatro de las compañías de carne y pescado más grandes del mundo (72%) proporcionaron poca o casi ninguna evidencia para demostrar que estaban midiendo o informando de sus emisiones, representando el 14,5% de los GEI (Gases Efecto Invernadero).

El eje de la crítica apunta a que más de la mitad no documenta adecuadamente su impacto, a pesar de que son industrias vitales para la vida de las personas y las sociedades del futuro.

La directora de la Oficina Europea del Instituto de Política Agrícola y Comercial, Shefali Sharma, también incluye a la industria láctea, sosteniendo que el escrutinio público puede ser duro si el impacto climático es significativo.

Las compañías analizadas por el índice incluyen gigantes como la Australian Agricultural Company, que es la compañía de ganado más grande del mundo; el Chinese WH Group, la mayor compañía mundial de carne de cerdo; o Sandersons de Estados Unidos, que procesa más de 10 millones de pollos a la semana.

En realidad, muchos de ellos cuentan con sistemas integrados verticalmente, compran carne de agricultores contratados en todo el mundo, la procesan ellos mismos a través de sus propios mataderos y packings, y luego venden a marcas reconocidas tales como McDonalds, Walmart, Nestlé y Danone.

El informe investigó a las 60 compañías productoras de proteína más grande del mundo, evaluándoles el bienestar animal, la escasez de agua, la deforestación y las condiciones de trabajo de los empleados. Asimismo, los indicadores clave apuntaron a las políticas de reducción de antibióticos y al uso del agua en las cadenas de suministro, entre muchos otros.

Uso de los antibióticos

En las últimas décadas, el uso de los antibióticos en los productos alimentarios es considerado como uno de los factores amenazantes para la salud pública que enfrenta el mundo. El rol de la agricultura en la producción de alimentos y la propagación de bacterias resistentes ha sido también parte del escrutinio público.

El informe Coller Fairr  subraya en este sentido que ha existido una “falla generalizada para responder a la crisis”. 77% del sector, es decir, 46 empresas con un valor estimado de US$239.000 millones, clasifican como de “alto riesgo” en la administración de antibióticos con “poca o ninguna medida para reducir el uso excesivo” de los mismos.

La directora global de inversión responsable de Aviva Investors, Abigail Herron, señaló a los medios londinenses que sus investigaciones demuestran que lamentablemente las compañías en su gran mayoría ni siquiera responden las llamadas de los agentes reguladores, de los profesionales de la salud y de la comunidad financiera para gestionar o reducir el uso de los antibióticos.

Por su parte, el jefe de Investigación y Compromiso Corporativo de Fairr, Aarti Ramachandran, indicó que “desde el punto de vista de la inversión no sólo está en riesgo este grupo de compañías multinacionales, sino también la cadena mundial de suministro de alimentos más grande y multimillonaria del mundo. Los administradores deben ser responsables de sus activos e iniciar mejores prácticas, impulsando una carrera hacia un sistema alimentario sostenible”, según recoge The Guardian.

En Chile, la industria ganadera es directamente responsable del 10,6% de las emisiones de GEI, siendo la tercera principal fuente en el país, luego de la generación de electricidad (31%) y transportes terrestres (20%), según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero, actualizado en 2017.

Según fuentes de Odepa, la agricultura chilena es particularmente vulnerable a los efectos del cambio climático, que sumado a su inserción en los mercados internacionales, configura el desafío de satisfacer una creciente demanda mundial por sus productos de manera sostenible, acreditando el cumplimiento de incipientes requisitos ambientales y paraarancelarios en mercados de destino, donde la reducción de emisiones de GEI es un indicador clave.

¿Logrará Chile un desarrollo bajo en emisiones más resilientes si no cuenta con información sobre las tasas de emisiones de sus GEI?