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El uso y la adopción de cultivos con productos genéticamente modificados (GMO) no ha parado su marcha y solo en 2017 representó 189,8 millones de hectáreas en todo el planeta, con un crecimiento de 3%, de acuerdo con las proyecciones del Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología (Siaa).

La producción de alimentos modificados está concentrada, principalmente, en cuatro países: Estados Unidos (39,5%), Brasil (26,4%), Argentina (12,4%) y la India (6%). En el caso colombiano, aunque los cultivos con GMO también arrojan un crecimiento, este ha sido más lento.

Para 2017, el país completó 95.000 hectáreas cultivadas con productos modificados genéticamente, según la información del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), con una tendencia positiva en los últimos años.

Sin embargo, la participación en los cultivos totales sigue siendo baja, si se tiene que el país tiene un área cultivada de 5,1 millones de hectáreas, según la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA), eso quiere decir que los cultivos genéticamente modificados suman apenas 1,86% del total de productos cosechados en el territorio.

De acuerdo con María Andrea Uscátegui, directora ejecutiva de Agro-Bio, gremio que reúne a los productores de GMO, explicó que los cultivos transgénicos en Colombia “tienen una gran posibilidad de crecimiento, sobre todo en los productos que se cultiva actualmente, pero que también se importan masivamente”.

Sin embargo, Uscátegui consideró que Colombia es “muy tradicional con cultivos convencionales, por eso la idea es que los agricultores conozcan la biotecnología y se puedan mover hacia este tipo de productos modificados”.

Actualmente, el país solo cuenta con cinco grandes productos GMO que tienen autorización para ser comercializados. El más importante es el maíz que, a pesar de las importaciones masivas que tiene que afrontar el sector, acumula un área de 86.030 hectáreas con granos transgénicos, lo que representa 90,5% de los cultivos modificados.

Si se revisa solamente el área de maíz tecnificado, que suma 215.827 hectáreas, la cosecha transgénica alcanza 40% del total.

El segundo producto con mayor potencial, de acuerdo con las cifras del ICA, es el algodón, que acumula 9.075 hectáreas, aunque, a raíz de las condiciones actuales del mercado, tiene una tendencia de contracción en los cultivos, según explicó la directora de Agro-Bio.

Uscátegui expresó que “en algodón la adopción ha sido masiva, cerca de 96% del algodón nacional es GMO y es porque se ve una alternativa para proteger los cultivos y tener un mejor manejo. Desafortunadamente las áreas de algodón han bajado por temas comerciales, ya que solo tienen un comprador nacional, lo que ha limitado las áreas de cultivos genéticamente modificados, pero podrían crecer”.

Adicionalmente, se cultivaron 12 hectáreas de flores azules en 2017, sumado a otros productos que tienen autorización, como los claveles y la soya, aunque este último no tiene desarrollos actualmente, pues no hay grandes extensiones de tierra dedicadas a este.

Sin embargo, el potencial es alto, si se tiene en cuenta que hay al menos siete productos que están cumpliendo el proceso para recibir las aceptaciones por las entidades sanitarias. Dentro de los cultivos se encuentran en pruebas están la yuca, los pastos, el arroz, otras pruebas de soya, la caña, el café y la papa, aunque se deben mejorar temas como la propiedad intelectual, además de temas como educación a los agricultores, entre otros.

El mejoramiento tradicional

Otra práctica que existe en relación con la productividad de los cultivos, tiene que ver con el fitomejoramiento tradicional, que no utiliza la modificación genética, sino la selección artificial de las semillas de varias plantas.

Una empresa que se dedica a este mejoramiento de semillas es Sáenz Fety, que se encarga de comercializar variedades resistentes de semillas, aptas para las tierras colombianas, a través de la búsqueda de las mejores cualidades.

El director de investigación y desarrollo de la compañía, Andrés Sáenz, explicó que con este mecanismo “se buscan atributos, como que sea resistente a una enfermedad. Y eso se mezcla con otras cualidades, como el color y el sabor de un fruto. Se suman las características, eso es lo que hacemos en Sáenz Fety”.

“Los mejoradores genéticos hacen que la productividad tenga un cultivo homogéneo, más avanzado y de alta calidad, con excelente germinación”, completó el experto, quien resaltó el potencial de crecimiento de la biotecnología en el agro.