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Al igual que como sucede con las energías de generación fotovoltaica y eólica, el turismo o la actividad caficultora, señalar el potencial que tiene el territorio nacional para consolidarse como un referente global del sector del cannabis no supone mayor novedad. Desde hace un tiempo, el diálogo sobre la ventaja competitiva de la que goza Colombia ha logrado insertarse en la opinión pública y, aunque sigue siendo una discusión de nicho, poco a poco ha ido permeando nuevas audiencias que empiezan a reconocer el adelanto que tiene el país con respecto a otros productores.

Sin embargo, pese a esto, la concepción de la importancia que tiene dicha industria aún sigue limitándose únicamente a los beneficios que percibe el sector privado; dejando de lado gran parte de la contribución al crecimiento intelectual, social y económico de Colombia. Y es que, si bien el negocio formal del cannabis es comparativamente nuevo y sigue abriendo camino para estandarizar su operación, lo cierto es que existe suficiente evidencia para soportar que su consolidación representa un auténtico motor de desarrollo.

Este hecho, que cobra particular relevancia en medio de un contexto en el que el gobierno nacional busca terminar de consolidar la reactivación económica del país, hace que rubros como los de la generación de empleo, la diversificación de la matriz exportadora, la tecnificación de la industria y el incremento de los ingresos fiscales sean determinantes para que este año la economía local logre alcanzar las proyecciones de crecimiento realizadas por diferentes entidades internacionales -Banco Mundial estima que se expanda 3,6%; Cepal, 3,5%; y Ocde, 3,5%-, que la sitúan como una de las más prometedoras de la región.

Con esto en mente, las conclusiones que en meses pasados han difundido algunas de las principales firmas de consultoría económica en el país e instituciones como Fedesarrollo, acerca del panorama del negocio del cannabis en el país, permiten sustentar que la actividad en torno a este oficio es una potencial fuente de desarrollo para Colombia.

Aspectos como la creación de nuevos puestos de trabajo, que se calcula podría llegar a superar la ocupación laboral de actividades tradicionales como la floricultura o la bananera, y que para 2030 generaría 41.748 empleos; la ampliación en las exportaciones que, además de permitir la diversificación de la matriz, representa una oportunidad para comercializar productos terminados; y el incremento del recaudo de la nación vía impuestos, que se prevé lo aumente en un $1 billón, permiten evidenciar que impulsar la industria del cannabis tiene un impacto más allá del interés inversionista.

Así las cosas, es ciertamente alentador descubrir que la misma planta que por años afectó el bienestar y la reputación internacional del país, hoy se alce como un motor de oportunidades, crecimiento y desarrollo.

Las alternativas que le genera esta industria a Colombia, como la de producir y exportar por primera vez Ingredientes Farmacéuticos Activos (IAF) alopáticos y Fito-terapéuticos, constituyen una serie de posibilidades para abrirse a nuevos mercados de alto impacto. Las herramientas están dadas para que esta semilla de progreso pueda germinar, el reto pasa por saberlas capitalizar.