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Las enfermedades transmitidas por la incorrecta manipulación de los alimentos pueden provocar problemas agudos y crónicos de salud. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que casi 1 de cada 10 seres humanos al año –aproximadamente 600 millones de personas- se enferma por ingerir alimentos contaminados o descompuestos. Por eso el trabajo de la industria va más allá de garantizar el abastecimiento de los hogares y gracias a la ciencia y tecnología responde al compromiso de que los alimentos lleguen a las mesas de los colombianos con los más altos estándares de calidad e inocuidad. La inocuidad de los alimentos se define como el conjunto de condiciones y medidas necesarias durante la producción, almacenamiento, distribución y preparación de alimentos para asegurar que una vez ingeridos, no representen un riesgo para la salud.

La OMS también estima que cada año se pierden alrededor de US$ 110.000 millones en productividad y gastos médicos a causa de los alimentos descompuestos en los países de ingresos bajos y medianos. Estamos comprometidos en garantizar la inocuidad de los alimentos que fabricamos y distribuimos, con lo cual contribuimos a reducir el absentismo escolar y laboral, fomentar la productividad, además de prevenir problemas de crecimiento y desarrollo, deficiencias de micronutrientes, así como enfermedades transmisibles y no transmisibles.

En la industria de alimentos tenemos el formidable propósito de alimentar al mundo, mediante un trabajo que comienza con la producción de materias primas, avanza con el procesamiento de los alimentos y finaliza con el proceso de distribución y comercialización. Lo que significa que cada eslabón desempeña un papel fundamental para entregar alimentos en las mejores condiciones de inocuidad y calidad, que además no representen un riesgo en su consumo.

Además de esto, todas las personas tienen una función que desempeñar, tanto si cultivan alimentos como si los elaboran, los transportan, los almacenan, los venden, los compran, los preparan o los sirven, puesto que la inocuidad de los alimentos es un asunto de todos. Si logramos incorporar colectivamente buenas prácticas de inocuidad alimentaria podremos impactar sobre el bienestar de la población y el crecimiento del país.

En el marco del mes del Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, celebrado el 7 de junio, es importante hacer un llamado al trabajo colectivo. En este sentido, los gobiernos deben mantener al día la reglamentación que regula los alimentos inocuos; la industria debe garantizar la adopción de protocolos y mejores prácticas a lo largo de todas las cadenas de abastecimiento; los centros de enseñanza deben usar la educación como una herramienta necesaria para el autocuidado; y los consumidores, deben optar por la preparación y el consumo de alternativas alimentarias inocuas que respalden los sistemas alimentarios sostenibles.

A partir del esfuerzo colectivo es posible que, por un lado, se reduzcan los riesgos de las enfermedades transmitidas por alimentos, y por el otro, se mantenga el compromiso hacia el cuidado de toda la cadena de abastecimiento, que va desde el productor agrícola, pecuario o industrial del alimento hasta el consumidor final del producto. Cuando cada actor apropia la adopción de buenas prácticas para prevenir y gestionar los riesgos en un alimento, contribuye de manera considerable en la seguridad alimentaria de Colombia y del mundo.

Aunque la contaminación de los alimentos parece un desafío del pasado, debemos ser conscientes que puede producirse en cualquiera de las etapas de la manipulación del alimento. Por ejemplo, una parte considerable se debe a que estos pueden haber sido preparados o manipulados de forma incorrecta en el hogar o en establecimientos de venta. Por eso vale la pena recordar que es necesario realizar una correcta limpieza y lavado de manos, mantener una separación entre alimentos crudos y cocinados, asegurar un adecuado nivel de cocción, optar por temperaturas seguras para los alimentos, manejo de la cadena de frio, así como usar agua y materias primas seguras para la manipulación y el consumo.

Desde la Cámara de la Industria de Alimentos de la ANDI hacemos un llamado a reflexionar sobre el impacto social y económico que promueve este sector. Las enfermedades transmitidas por los alimentos obstaculizan el desarrollo mientras que la entrega y el consumo de productos alimenticios aumenta el bienestar de la población, particularmente de las comunidades de menores ingresos y contribuye al fortalecimiento de la sociedad y la economía. Por eso desde la cadena de abastecimiento seguiremos contribuyendo a la seguridad alimentaria a través de la inocuidad como base del desarrollo sostenible para además dar cumplimiento a la consecución de Objetivos de Desarrollo Sostenible como el Hambre Cero, la Salud y Bienestar, así como el Trabajo Decente y Crecimiento Económico.